Se adentraron de nuevo en el club. Renata no tenía idea de adónde irían; sin embargo, siguió a Austin. Había demasiada gente en el lugar, por lo que decidió ponerse detrás de Blake. Él la tomó de la cintura, deteniéndose un momento para cambiar de posición y abrazarla por la espalda. De esa forma evitaba que los demás se pasaran de listos. Nadie tenía derecho a tocar a su pequeño tesoro, solo él. Renata suspiró profundamente ante la cercanía. Se sentía nerviosa, pero, aun así, dejó que Austin la guiara entre la gente. Subieron por otras escaleras, deshicieron el abrazo y caminaron hacia otra habitación. —¿Tienes alguna idea de qué quieren esos dos? —preguntó Renata, desesperada por tanto misterio. Austin se encogió de hombros. No sabía la verdadera razón, aunque tenía muchas ideas al r

