Renata sintió una chispa de conexión instantánea, algo que no había experimentado en mucho tiempo. Pero rápidamente se recordó a sí misma que estaba en una relación. Aun así, no pudo evitar que una parte de ella se sintiera atraída por la personalidad despreocupada y el carisma palpable de Austin.
—He oído mucho sobre ti, —continuó Austin, sus ojos fijos en ella con una intensidad que la hizo sonrojar ligeramente—. Espero estar a la altura de tus expectativas.
—Oh, estoy segura de que lo estarás —respondió Renata, sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción que nunca había sentido en el trabajo. —Vamos a ver esas fotos.
Mientras revisaban las imágenes, Renata se dio cuenta de que, a pesar de estar allí por motivos profesionales, el ambiente se sentía electrizante. Austin no solo era un fotógrafo talentoso; había algo en su forma de ser, en su mirada, que la atraía inexplicablemente.
—Estas son impresionantes —dijo ella, señalando una foto particularmente cautivadora de un espacio que había sido renovado con un estilo moderno y acogedor.
—Me alegra que te gusten —respondió él, acercándose un poco más, lo que hizo que su corazón latiera más rápido.
Renata asintió, tratando de concentrarse en el trabajo y ahogar la pequeña chispa de atracción que comenzaba a encenderse dentro de ella.
—Oh, estoy convencido de que la sinergia entre una mente brillante como la tuya y un humilde fotógrafo como yo resultará en algo absolutamente magistral —dijo Austin, sus ojos centelleando con picardía.
Renata sonrió, sin perder de vista aquellos ojos mágicos que la impregnaron por completo. Mientras terminaba de escoger las fotografías, sintió cómo la química entre ellos se intensificaba, como si el aire a su alrededor se cargara de una energía palpable. Austin, con esa sonrisa coqueta que desprendía, le hacía saber que él sabía exactamente lo que causaba y que lo usaba con maestría.
—Debería irme para entregar las fotografías —dijo Austin, y Renata sintió una punzada de decepción, como si una parte de ella quisiera que se quedara un poco más.
Sin embargo, ella no sabía que Austin había quedado igual de encantado por ella. Ambos asintieron con una sonrisa, un momento de complicidad que llenó el espacio entre ellos de una tensión casi eléctrica. Austin estuvo a punto de salir de la oficina, pero antes de que le diera la vuelta al pomo de la puerta, se detuvo y dio media vuelta.
—¿Te gustaría salir…? —su voz sonaba más suave, como si intentara seducirla con cada palabra.
—Lo siento, señor Blake, tengo novio —respondió Renata, y su tono fue directo, aunque sintió un ligero titubeo en su interior. Tenía que admitir que había surgido algo entre ellos, pero no podía olvidarse de Owen y recordar todo el amor que se tenían. Era muy diferente al gusto momentáneo que podría causarle alguien como Austin.
La expresión de Austin se tornó pensativa, y por un breve instante, Renata sintió una punzada de culpabilidad. Se preguntó si había tomado la decisión correcta, pero rápidamente se recordó a sí misma la promesa que había hecho a Owen. Mientras su mente luchaba con la confusión, la sonrisa de Austin se desvaneció, y aunque intentó mantener su aire despreocupado, había un destello de desilusión en su mirada.
—Entiendo —dijo finalmente, con un tono que traicionaba su desánimo y sin decir nada más, salió en silencio.
Después de su reunión para el nuevo proyecto, Renata se dirigió a encontrarse con Maylo. Ambos tenían una sociedad: Maylo era el CEO de la importante empresa de bienes raíces Empire Hause y ella dirigía Style & Design, la empresa de diseño de interiores que su padre le había dejado al morir.
Todo comenzó cuando Owen se topó con Renata en una venta de una casa perteneciente a una figura muy conocida en el medio. Ese fue su primer flechazo, y también la oportunidad perfecta para que Owen obtuviera el ascenso de su vida. Él la convenció para que aceptara trabajar en colaboración con Empire Hause; mientras ellos se encargaban de la venta de los inmuebles, ella se encargaría de diseñarlos. Gracias a su renombre, podrían vender las construcciones a un precio más elevado, creando así un negocio redondo y exitoso que perduraba hasta el día de hoy.
Renata llegó a la oficina de Maylo, donde el ambiente vibraba con la energía habitual de un día productivo. Las paredes estaban adornadas con fotos de proyectos anteriores, un testimonio del éxito de su colaboración. Al entrar, se encontró con Maylo revisando unos planos en su escritorio, su mirada concentrada en los detalles.
—¡Renata! —exclamó Maylo, levantando la vista y sonriendo—. Justo a tiempo. Tenemos que discutir el nuevo proyecto en el que estamos trabajando con Empire Hause.
—Claro, cuéntame —respondió Renata, acomodándose en la silla frente a él.
Mientras discutían los detalles del nuevo desarrollo residencial, Renata no pudo evitar sentirse emocionada. La idea de trabajar en un espacio innovador siempre la llenaba de inspiración. Sin embargo, a medida que la conversación avanzaba, su mente divagó un poco, recordando la tensión que había sentido con Austin esa mañana. Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos.
—Entonces, ¿qué piensas? —preguntó Maylo, interrumpiendo sus divagaciones.
—Me parece una oportunidad increíble —dijo Renata, sonriendo—. Creo que podemos hacer algo realmente especial aquí.
—Estoy seguro de que sí.
Renata se puso de pie y se despidió de Maylo, no sin antes decirle:
—Antes de irme, debo pedirte un favor… No hagas que Owen trabaje tanto, ¿sabes? Él se ha sentido con estrés los últimos días y no me gusta que se sienta así.
Maylo frunció el ceño ante su petición.
—Disculpa, pero… Owen pidió sus vacaciones desde hace una semana. ¿No te lo dijo?
Renata sintió una opresión en el pecho. La noticia la sorprendió, una mezcla de preocupación y confusión se apoderó de ella.
—No, no me lo había dicho.
—Posiblemente se le olvidó decirte —trató de arreglar las cosas Maylo, pero ya era demasiado tarde. La inquietud que sentía se intensificó, como una sombra que se cernía sobre su corazón.
—Sí, posiblemente se le olvidó —replicó Renata, con un tono más serio del que pretendía. Se despidió de Maylo con una sonrisa forzada, su mente ya divagaba en el posible significado de esa omisión.