—¿Qué se supone que tengo que hacer? —pregunté. —Las lenguas antiguas cuentan que solo tienes que sostener el espejo y él te mostrará el camino —dijo Silas, acercándose a mí. —Eso era lo que siempre decía Moira —concluyó Vex. —Pero no está pasando nada. —Tienes que dejar caer una gota de tu sangre en él —las manos de Kael se posaron sobre mi hombro mientras me susurraba al oído. —¿Por qué debería creerte? —le pregunté a él, mientras bajaba el espejo. —¿A quién le está hablando? —escuché cómo Ruth le preguntaba a Vex. Silas se acercó a mí con el ceño fruncido. —¿Qué te dijo? —preguntó este. —Dice que tengo que colocar mi sangre en el espejo. Silas me tomó del brazo, sus dedos apretándose con una advertencia silenciosa. Miró hacia el espacio vacío donde yo sentía la presencia de Kae

