Capítulo 38

1927 Palabras

Me senté en la cama, explorando la habitación con más detalle. Las paredes de piedra arenisca estaban revestidas hasta media altura con paneles de madera de roble oscuro. Había estanterías con libros de lomos de cuero gastado, un escritorio antiguo con tintero y pluma, y un tapiz que mostraba un bosque invernal, pero uno real, con pinos nevados y un río helado, no las espinas de cristal del Infierno. La ventana, pequeña y con vidrios emplomados, estaba cerrada, pero a través de ellos se filtraba una luz grisácea y difusa, como la de un día nublado. No se veía paisaje. Era un refugio. Un escondite. Pero uno con una calidez y una humanidad que desentonaban brutalmente con todo lo que conocía del Infierno y de Silas. Una suave llamada a la puerta interrumpió mis cavilaciones. —Adelante —di

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