El silencio de la biblioteca era denso, pesado como el polvo que bailaba en los haces de luz de las velas. Tenía el libro de piel de reptil sobre mis rodillas; la textura era extraña, fría y ligeramente rugosa, como si conservara un resto de vida latente. El símbolo del círculo partido parecía observarme desde la portada, burlándose de mi indecisión. ¿De verdad vas a hacer esto, Alana? Abrí el libro. Las páginas no eran de papel, sino de una vitela amarillenta que se sentía como seda vieja. La caligrafía era elegante, casi dolorosa de ver, con letras que parecían retorcerse si las miraba demasiado tiempo. "El Nephalem no es una unión, sino una colisión. No es agua y aceite, es el rayo golpeando el océano. En su sangre reside la paradoja: la capacidad de crear mundos y la sed inevitabl

