Capítulo 49

2326 Palabras

El Eco no me atacó con garras ni con fuerza física. Se detuvo a pocos metros de mí y empezó a vibrar, distorsionando la realidad a mi alrededor. El aire del Cañón, que antes era frío y denso, de repente se volvió cálido y húmedo. El olor a ozono fue reemplazado por el penetrante aroma a cloro, antiséptico y sangre metálica. —No... —susurré, dando un paso atrás. Las paredes violetas de la cueva se transformaron en azulejos blancos y sucios. El zumbido se convirtió en el pitido incesante de un monitor cardíaco. Estaba de vuelta en el hospital, en mi última noche antes de que el mundo se acabara. —¡Mira lo que has hecho, Alana! —susurró el Eco, pero su voz ya no era un siseo, era la voz de mi antiguo jefe de planta, cargada de decepción. Frente a mí apareció una camilla. Sobre ella, un cu

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR