—¿Quién es ella?—pregunto.
Me intriga saber sobre ese nombre, nunca Fernando habló de una ex.
—Lucía es un nombre prohibido, que no se puede pronunciar en esta casa. Fue novia de
Fernando durante años. Eran inseparables, como almas gemelas. Un día dejo una carta explicando que odiaba este pueblo y que se iría para no regresar, que había conocido a un hombre maduro que le ofreció matrimonio. Fernando leyó la carta, ella la dejó en su cama. Al saber todo eso él casi muere por inanición, duró días completos sin comer, llorando en la oscuridad amargamente el dolor de la traición, hasta que endureció su corazón y cerró las puertas al amor, pero cuando llegaste, vi una chispa de rabia que muy en lo profundo parecía interés—
—Esta muchacha, Lucía ¿Era del pueblo?—
—¡Oh si! Todavía hoy en día su familia no entiende por qué ella decidiría irse si aparentemente era feliz y amaba a mi hijo, pero se marchó, no regresó y decidió no llevarse nada para ni recordar sus raíces. Yo aún no lo puedo creer, la chica era muy buena y amaba a mi hijo, o eso creíamos—
—¿Investigaron su partida?—pregunto.
—La verdad, no mucho, la carta tenía su letra y nadie puso en duda que se fugara. No tiene la necesidad de regresar y querer matar a mi hijo, pues no hay motivos, ella no recibió de él ningún mal, sólo amor y cariño ¡Hasta tenían planes de casarse!—
—Eso explica por qué Fernando rehúye al amor. Le rompió su corazón—
—Pero es tema del pasado. Cuando mi hijo te conoció, no dudé en ofrecerte dormir aquí y aunque pude llevarte a cualquier diligencia, le pedía a él hacerlo para que se acercara a ti aún más—
—¿Sabe esto Fernando? ¿Sabe de nuestro acuerdo?—
—Por supuesto que no. Vi algo en sus ojos al cenar todos juntos y decidí darle tiempo a ver si florecía el amor entre ustedes. Al parecer ustedes se entendieron, o de lo contrario no estuvieras disputando con Mónica sobre él. Dime la verdad ¿Amas a mi hijo o es parte de la actuación?—pregunta.
—En verdad le amo, pero él a mí no. En algún momento me enamoré—
—Entonces no desesperes, cuando despierten sus recuerdos volverá a tener ojos sólo para ti ¿Recuerdas cuando nos conocimos?—
—Si, usted me dijo que, si en cinco años no me enamoraba, me presentaría a su hijo y yo no tendría más que amarlo. No le creí, me burlé, pero no pasaron cinco años, pasaron ocho y nunca conocí el amor—
—Si. Te mostré una foto y llegaste con la historia de que te vendí terrenos y serías su socia. Todo muy simple y resultó en amor. Un amor que muchos no entenderían, pero siempre supe que te quería de nuera. Cuando conocí a tu padre, quien siempre quiso comprarme estos terrenos, no pude ver más que la muchacha que andaba con él leyendo libros mientras él intentaba convencerme, así que cuando la oferta la hiciste tú, aproveché para poner mis condiciones—
—Si Fernando se entera de que llegué para conocerlo, no creerá que tuviera buenas intenciones por haberle mentido, me temo que no querrá estar conmigo—
—Mi hijo estaba perdido, no quería enamorarse, es cierto que no hablamos en principio con la verdad, pero pudiste pasar la primera noche e irte, en cambio te quedaste y sigues aquí porque genuinamente te enamoraste ¿Y sabes lo mejor? No necesitas su dinero, tienes todo lo que quieres—
—Todo menos a él—
—Si mi hijo cae en malas manos, toda la fortuna de esta familia se perdería y quiero hablarte de algo más—
—Dígame—
—Para tu familia te vendí terrenos. Así que lo mejor es que formalicemos eso para que todo quede en orden—
—¿Por qué ahora? ¿Pasa algo que no me ha contado?—
—Quiero venderte algo, no la mitad de los terrenos, pero si algo que valide tu propiedad cuando yo no esté. Una porción con la que estemos de acuerdo—
—¿Qué está pasando? Es su enfermedad ¿Verdad?—
—Hija, tengo cáncer terminal. Cada vez tengo menos fuerzas para luchar. Esta semana haré mi testamento y quiero me acompañes a preparar los documentos para eso y la venta del terreno para ti—
Siento como lentamente mi corazón se estremece. No hay hombre más bueno y noble que
Carlos del Rio. Mucho carácter y gran corazón. El día que nos conocimos mi padre intentaba convencerle de comprarle sus terrenos y él rehuía su oferta, una contra oferta en broma salió de los labios del Sr. Del Río, quería que yo conociera a su hijo Fernando. Mi padre lo tomó como una broma, pero cada vez que se reunían, el Sr. Carlos del Río me recordaba la oferta.
Así pasaron años y creció mi desdicha en el amor. Una tarde común, cómo cualquier otra, recordé a los del Río y se me ocurrió ofertarle yo, la compra de terrenos que mi padre nunca logró. El señor accedió a la venta bajo una condición, si su hijo se enamoraba de mí, firmaría por la cantidad de terrenos que yo deseara. Ahora está muriendo, no puedo pensar siquiera en terrenos, la pena me arropa y no sé qué decir.
—Sólo sé que nos acercamos y él me alejó. Para cuando quise pelear por él, al mismo tiempo me rendí y al vernos conversamos, pero nada se pudo resolver entre nosotros, si es que se puede llamar nosotros. Creo que no tendrá que venderme terrenos, de igual forma Fernando no estará conmigo y el negocio ya no es de mi interés—
—¿Estás dispuesta a dejar los terrenos atrás, olvidar todo eso y al mismo tiempo estando enamorada, olvidar a mi hijo?—pregunta.
—Me enamoré y no me recuerda. No quiero que lo que comenzó como un negocio y terminó en amor, retome el rumbo de los negocios. Lo mejor es que me retire y olvide todo esto. Desde el principio comenzó mal. Si Fernando siente lo mismo que yo, me buscará—
—¿Y qué pasa si te digo que en estas tierras encontrarás piedras preciosas?—
—Le contestaría que no tengo necesidad de dinero, fue una muy mala idea acceder a su condición—
—No lo hice con malas intenciones y tú tampoco. Creo que ganamos todos, porque él se enamoró, tú también y yo ayudé a mi hijo a encontrar a una buena mujer que no le abandonaría—
—No puede asegurar eso. Entre nosotros nada termina porque nada ha comenzado—
—Nada formal querrás decir, porque estoy seguro de que, para enamorarse, ustedes debieron llegar lejos. No insistiré, si no quieres ayudar a un moribundo, no pasa nada—
—No me haga sentir mal Sr. Carlos. Con los años hemos construido una linda amistad… no se tome personal mis decisiones—
—Está bien hija, sólo acompáñame a ver a mi abogado para hacer mi testamento, no quiero que nada se quede a la suerte, daré mis instrucciones y me iré en paz—
—¿No hay nada que podamos hacer? Recuerde que le llevaré al médico en los próximos días, como acordamos—
—No. Acepté ir para no alarmar a nadie, no puedes comentar esto, toda mi familia cree que estoy enfermo del estómago. Mi cáncer de páncreas no es conocido por nadie más que yo, mi doctor y ahora tú—
—Está bien, está bien. Iré con usted, pero sólo a acompañarle con sus diligencias, no compraré terrenos y no quiero saber sobre el testamento. Si pudiera ayudarle a que recobre su salud, lo haría—
Me siento entre la espada y la pared, no puedo ayudarle y tampoco quiero ser parte de más mentiras.