—Demos un paseo, vayamos a la hacienda y conversemos ¿Te parece?—pregunta el Sr. Del Río, mientras me lleva de camino al vehículo.
—Parece que no tengo otra opción—molesta contesto.
—Disculpa que te trate así, creo que debes calmarte—
—No estoy enojada con usted, vergüenza es lo que en realidad siento por cómo actué. Mi enojo es con Mónica, no sé qué quiere de mí. No le he hecho nada para que sea tan hostil—
—¿Quieres más que el hecho de la forma en la que Fernando te mira? ¿Crees que no es obvio?—
—Me miraba—
—¿Cómo?—
—Me miraba… porque ya no me recuerda—respondo.
—Eso es momentáneo muchacha. El recordará todo luego, ha pasado por un evento difícil ¿Cómo no odiarte? Ella ve que ustedes tienen algo y ha esperado a Fernando toda la vida. Soy más adulto que ustedes y me di cuenta desde la primera cena que tuvimos todos en la mesa—
—Sé sobre sus sentimientos, aunque no he intervenido para nada entre ellos. Si no está con ella es porque él no quiere, ha de tener sus motivos porque le conoce primero que a mí—
—Entiendo. Bueno, conduce, vayamos a la hacienda, hay mucho que debo contarte—solicita.
Subimos a la camioneta y conduzco hasta la hacienda. Es extraño, Carlos del Río a mi llegada estaba muy afectado de salud, aún tiene aspecto muy delicado, pero de momento le veo mucho mejor, o al menos más animado que hace unas horas. Ha de estar feliz por el bienestar de Fernando.
—Parece que se ha mejorado su salud ¿No?—introduzco tema de conversación.
—Si, tengo altos y bajos—responde.
—Entiendo. Podemos regresar con Fernando, ya me he calmado y no pienso dejarme provocar otra vez por Mónica. Siento que debemos estar con él—
—De igual forma quiero que vayamos para conversar, aunque regresemos en seguida. Quiero hablarte de algunas cosas para las que necesito tu ayuda—
—Comencemos a hablar desde ahora y ganamos tiempo—sugiero.
—Mejor allá, concéntrate en el camino, no quiero distraerte—responde.
Llegamos a la hacienda y entramos para sentarnos en la sala. Todo en este pueblo me recuerda a Fernando, cuantas miradas nos faltan por descubrir, y también hace falta saber quién cometió el hecho.
No nos hemos sentado bien cuando llaman a la puerta. El Sr. Del Río abre en busca de ver quién es, pues ya es de noche y a estas horas no es común recibir visitas. Me quedo sentada a esperar descubrir lo que tiene que decirme el padre de Fernando.
—Buenas noches, Carlos—saluda una voz masculina.
—Buenas noches, Bill ¿Qué te trae por aquí a estas horas?—
—Todo el pueblo habla de un atentado contra Fernando, he venido a investigar, pues no tenemos ninguna denuncia formal en la estación—
—Lo siento, Bill. No hemos tenido tiempo de nada, acabamos de enterarnos de que Fernando se pondrá bien y la verdad a estas horas no pensaba en denunciar, hasta me ha sorprendido tu visita, pero pasa, siéntate y conversemos con Ericka, ella estuvo con los muchachos cuando ocurrió todo y puede explicar lo sucedido—
Entra el oficial vestido de policía. Es un hombre bastante corpulento, alto, robusto, de piel clara y pelo rubio, debe tener unos cuarenta y cinco años. Llama mucho mi atención el hecho de que trae consigo varios lapiceros en un bolsillo de su camisa y que su atuendo se ve descuidado. No da ninguna señal de pulcritud, lo que genera desconfianza, pero no debo juzgar a un libro por su portada, quizás tenga mucho contenido interesante y sea bueno en su trabajo.
—Buenas noches, señora Ericka, soy Bill, oficial de la policía del pueblo. Ahora mismo tenemos poco personal, pero el detective del pueblo ha solicitado ayuda a la ciudad para esclarecer este caso. No acostumbramos a ver este tipo de atentados, la gente de estos lados enfrenta robos de animales o riñas familiares, pero como este hecho nunca habíamos visto algo igual. Según escucho, alguien intentó quitar la vida de Fernando mientras cabalgaba, pero explíqueme usted mejor todo ya que estuvo allí, de paso le tomo su declaración. Bob quizás quiera verle más tarde, él es el detective, pero mientras tanto cuénteme ¡No hay tiempo que perder!—
—Buenas noches oficial. Si, estuve en el lugar, pero es que todo paso muy rápido, que intentaré ver si puedo decirle lo que recuerdo—
—Adelante oficial, siéntese—invita el Sr. Del Río.
Bill se sienta a mi lado en el sofá, su presencia me incomoda un poco, es algo amenazadora la forma en la que me mira.
—Bien Sra. … ¿Cuál es su apellido?—pregunta.
—Viccini, Srta. Viccini—contesto.
Toma nota de mi nombre y apellido.
—Sra. Viccini, perdón, Srta. Viccini ¿Qué le trae por estos predios?—pregunta mientras observa con ojos de sabueso investigador.
—Soy socia del Sr. Carlos del Río, compré algunos de sus terrenos y por lo tanto soy propietaria de ellos—
Toma nota de todo lo que digo, me mira y escribe.
—¿Qué hacía usted en la escena del crimen?—
—¿A qué se refiere?—
—¿Por qué andaba cabalgando o en grupo, precisamente el día de hoy y por qué usted vino a la hacienda?—
—¿Me acusa de algo, oficial?—
—De ninguna manera, intento comprender todo y lo hago por medio de preguntas—
—Entiendo. El motivo de mi visita no es especifica. Vine porque mi hermana tenía que verse con Rodrigo el hermano de Fernando, entonces aprovechamos para venir de paseo Marcus y yo. Estando aquí Mónica nos invitó a cabalgar y todos acordamos hacerlo. Estaba perfecto el camino, todo iba bien, nos paramos a dar agua a los caballos y cuando vine a darme cuenta ya Fernando estaba herido. No vimos a nadie, no lo vimos llegar—
—Su hermana ¿Cómo se llama ella?—
—Laura—
—¿Tiene ella una relación amorosa con Rodrigo?—
—Debe preguntarle eso a ella—
—Lo haré, pero usted dijo que tenía un pendiente con él y no mencionó que ella tuviera negocios o terrenos aquí, así que lo más lógico es pensar que tienen una relación—
—Puede ser oficial, pero lo correcto es que sea ella quien lo diga ¿Qué tiene que ver si tiene una relación o no con Rodrigo, concerniente a lo ocurrido a Fernando?—
—En estos casos hay que investigar todas las posibilidades ¿Conoce a alguien que quiera hacerle daño a su hermana o a usted?—
—¡Por supuesto que no! Somos personas muy tranquilas. No tenemos problemas con nadie, no puedo decir que tengo enemigos—
—Quizás ustedes no, tal vez algún exnovio, exnovia, o un enemigo de uno de sus padres—
—No lo sé oficial, la verdad es que no se me ocurre nadie—
—Bien, si recuerda algo más, no dude en contactarme, aquí tiene mi número. Ya me puedo hacer una idea de los hechos y pasar las anotaciones al detective. Él visitará el hospital para tomar las declaraciones de los demás, especialmente la de Fernando—informa.
—Pero Bill, mi hijo no recuerda mucho, está con algunas lagunas en su memoria, nos dicen que es conmoción cerebral, además todos aman a Fernando por estos terrenos—explica el Sr. Del Rio.
—En ese caso se documentará eso de que no recuerda nada, pero de todos modos se le deben hacer las preguntas de lugar. Quiero que sepa que encontraremos al o los responsables de esto, no podemos tener miedo de salir a cabalgar libremente—
Unas cuantas preguntas tontas más y el oficial se retira. No se me ocurre nadie, pero minutos después de despedir al oficial, algunos nombres saltan en mi cabeza ¡Yeison! ¡Mónica! ¡O alguna ex de Fernando!
—Sr. Del Rio ¿Sabe si alguna ex de Fernando le querría hacer daño?—pregunto.
—¿Lucía?—