—¿Ericka?—
—Si—contesto.
—¿Quién es Ericka?—pregunta Fernando.
Todo mi mundo se oscurece al ver que Fernando no me recuerda. Me pregunto si está bromeando o si en verdad ha perdido la memoria ¿Por qué ahora? ¿Por qué olvidarme a mí? Quiero llorar amargamente, pero debo contener mi tristeza para que los demás no me vean destruida, especialmente Mónica que celebra el hecho de que a ella le recuerde y a mí no. Basta con ver su rostro de alegría para notarlo.
—No se preocupen si no recuerda todo, a veces tras estos eventos puede el paciente presentar conmoción cerebral, pero usualmente con los días van recobrando la memoria, pues ha sido un golpe en la cabeza que debe ser revisado, pero no tenemos equipos para hacerle una resonancia—informa el doctor.
—Cuando esté más estable, cuando se haya recuperado podemos llevarle a la ciudad para examinar su estado—propongo.
—¡Ahora lo más importante es que Fernando está bien, goza de estabilidad en su salud, todo lo demás es secundario y hasta insignificante!—exclama Mónica.
—Mi hijo está bien, gracias al cielo está vivo y cómo bien ha dicho Mónica, no importa si no recuerda todo, con el tiempo mejorará y todo volverá a la normalidad. No te preocupes Ericka que con los días ya verás al Fernando de antes—Eva comenta.
El rostro de Fernando es el un niño descubriendo el mundo por primera vez, de verdad no me recuerda. Es una noticia para la que no estaba preparada. Me aparto unos minutos del grupo y salgo del hospital para llorar. Lloro por dolor de ver que descubriendo al hombre que amo en minutos todo cambia y no me reconoce, lloro porque por un momento creí que lo perdería y nunca volvería a disfrutar de él.
Sé que ahora enfrentaremos un gran reto, no me recuerda, pero también sé que si hay vida no me puedo rendir. Él recordará todo con el tiempo y volveremos a ser los mismos de antes, los que nos odiábamos, pero en la cama no se podía comparar tanta entrega. Ahora mi misión es no apartarme de él para ayudarle a recordar.
—¿Por qué lloras hermana?—Laura pregunta apenada por verme triste.
—Descubrí que estoy enamorada de él, Laura, verlo en el suelo, creer que perdería la vida me hizo recapacitar. Sólo podía pensar en todo lo que podríamos vivir y si moría con él morían mis sueños—
—¡Ay, hermana! ¡Pero ánimo! ¡Está vivo!—
—Si, pero no me recuerda, lo cual es igual de doloroso para mí. Me desgarra el corazón ver como mira con desconocimiento mi cara. A Mónica le recuerda, a su familia también… yo soy una desconocida—
—Hay que darle tiempo, no puedes desesperarte. Ahora lo más importante es que respira y tú no te vas a despegar de él para que te recuerde. Sé que eran muy unidos—
—Más de lo que crees saber—
Mi llanto es consolado por sus palabras y mis intenciones son las mismas que salen de su boca, estaré pacientemente a su lado para que su memoria vuelva y si no, estaré para volverle a enamorar.
Seco mis ojos, el llanto cesa y respiro profundamente, debo ser más fuerte que nunca. Entro al hospital y me dirijo a la cama donde está Fernando, a su lado está Mónica que no se despega de él.
—¿Sr. Fernando del Río?—pregunto como si no le conociera.
—Ese soy yo—contesta Fernando.
—Soy Ericka Viccini, la nueva socia de su padre y, por consiguiente, nueva socia suya—
—¿Socia? Mi padre nunca vendería nuestros terrenos. Estas tierras han estado en nuestra familia por muchos años y él no me ha contado nada sobre usted—con voz calmada responde, no tiene mucho ánimo, pero su respuesta es justo la que esperaba.
—Pues debe consultar con su padre porque me ha vendido parte de los terrenos, por lo que usted y yo trabajaremos juntos—
—Ericka, Fernando ha pasado por mucho ¿Crees que es el mejor momento para molestarlo con juegos tontos?—interviene Mónica.
—No son juegos, estoy informando una realidad al Sr. Del Rio—
—¡Qué insolente! Eres una desconsiderada. Viendo como está aprovechas cada momento para sacar ventaja—me grita.
—Has malinterpretado mis intenciones. Fernando y yo nos conocimos así y quizás reviviendo el momento él logre recordar—
—Te voy a pedir que te retires y dejes en paz a mi novio—
—¿Somos novios Mónica?—
—Si amor y nos vamos a casar, ahora esta borroso todo, pero lo recordarás porque lo más importante es que me recuerdas a mí. Eso demuestra el amor que me tienes—
—Eso no es cierto Fernando, ustedes son sólo amigos de la infancia ¡Por eso la recuerdas!—
—Eres una insolente ¡Ya verás!—amenaza Mónica.
Enojada por mis palabras me toma por un brazo y me arrastra fuera de la presencia de Fernando.
—¡Mónica! ¡Suéltame!—reclamo.
—¿Qué está pasando aquí?—pregunta Carlos del Río.
—Mónica esta mintiendo a Fernando, le dijo que es su novia y se casarán, como la desmentí se atrevió a sacarme de la presencia de él a rastras, tomándome por el brazo. La paciencia tiene un límite y he tratado de controlarme, pero si Mónica no se controla no respondo—explico.
—He visto todo, pero ¿Qué les pasa a ustedes dos? Deberían comportarse de otra forma ¡Sean más civilizadas por el amor a Dios! En lugar de esos berrinches, deberían estar contentas por la salud de Fernando—
—Esta mujer es una insolente que se atreve a aprovecharse de Fernando mientras está en convalecencia y no lo permitiré. Tendrá que matarme porque lo voy a defender con uñas y dientes—amenaza Mónica.
Mi nivel de tolerancia llega al límite cuando se atreve a decir que soy una cualquiera.
—Con todo el respeto que se merece Sr. Carlos, esta mujer se atreve a meterse en la cama de Fernando con tal de conseguir lo que quiere—
Mi furia incrementa como una caldera transfiriendo calor, un volcán en erupción, a punto de estallar en forma de bofetada, cuando al alzar mi mano para ejecutar mis intenciones más profundas, la mano de Carlos me detiene impidiendo que le enseñe buenos modales a esta mujerzuela.
—Vayamos a dar un paseo hija. Quizás sea mejor que regresemos a la hacienda tu y yo para conversar—me dice mientras nos conduce caminando hacia fuera.
—Esto no se ha terminado Mónica ¡Te enseñaré a respetar de una buena vez!—vocifero mientras observo en su rostro una risa dibujada.
Como puede, el Sr. Del Rio me saca de la presencia de Mónica, ya la guerra entre nosotras está declarada y aprovechará para sacar sus cartas más sucias ¡La detesto con cada fibra de mi ser! Y lo peor es que Fernando no puede verla tal y como ella es. Dejarme llevar no fue bueno, sólo logré complacerla quitándome del camino y dejándola a solas con él.
No sé cómo, pero tan pronto Fernando tenga fuerzas, veré que le hagan todos los estudios necesarios para que su memoria regrese. En malas manos no puede caer, no sé de que sea capaz esa mujer.