AZUL Tenía que hacer un viaje a México. Esta vez era distinto. No iba sola. Mateo venía conmigo, emocionado, con las invitaciones de cumpleaños apretadas entre sus manos pequeñas. Le hacía muchísima ilusión entregarlas en persona a sus abuelos… y a su tía Ellie. —¿Crees que a la abuela Jen le gustará mi dibujo? —me preguntó desde el asiento del avión, mientras sacaba de su mochila una tarjeta llena de garabatos de colores. —Claro que sí, mi amor. Le encantará —le respondí con una sonrisa, aunque por dentro, mi estómago era un nudo. Me esforzaba por no mostrarle mis dudas, mis miedos. Llegamos al aeropuerto y tomamos un taxi hasta el hotel que ya había reservado. No quería quedarme en casa de nadie. Necesitaba mi espacio, aunque fuera por unos días. Mateo se bañó, eligió su camiseta fa

