Ya había transcurrido dos semanas desde que Vanessa y Eduardo habían tenido su primera cita, los dos muchachos seguían fortaleciendo su lazo de amistad, hablaban todos los días en la escuela, cada vez se conocían más, aprendiendo cosas sobre el otro, disfrutaban mucho cuando estaban juntos. Los dos chicos estaban emocionados por su segunda cita, pero especialmente Eduardo, él llevaba una semana planificando lo que iban a hacer, quería sorprenderla y hacer algo especial para ella, estaba encargándose de cada detalle, asegurándose de que todo saldría como esperaba. —Papá, ¿me prestarías el auto para el sábado? – pregunto Eduardo a su Padre. — No – respondió el de inmediato, el señor Flórez era un hombre muy serio y su hijo lo sabía. — ¿Por qué no? Te prometo que lo cuidaré mu

