Se aproximaba el día de la cita de Vanessa y Eduardo, los jóvenes ya habían decidido el día y la hora, Vanessa estaba un poco preocupada porque tenía que comentárselo a sus padres, los cuales eran un tanto conservadores y ella sabía que no iba a ser fácil que la dejaran salir sola con un chico, iba a ser difícil convencer a su papá, así que su última esperanza era mamá, debía convérsela a ella para que esta se encargara de su papá, era un plan perfecto. Y en lo contrario Eduardo estaba super despreocupada porque sus padres eran más bien liberales, estaba segura que más bien lo iban a felicitar por de una vez por todas tomar valentía e invitar a una chica a salir con él.
Unos días antes de la salida Vanessa tomo el valor y hablo con sus padres. — Mamá… Papá quería conversar algo con ustedes… ¿Tienen la disponibilidad? – dijo ella un tanto nerviosa por su reacción.
—Si claro dinos, cariño. – dijo su madre mientras los dos prestaban atención.
Vanessa respiro profundo para dispersar sus nervios y prosiguió: — Les quería comentar que… un chico me invito a salir, yo le dije que sí, pero quería tener su aprobación primero.
— ¡De ninguna manera saldrás sola con un muchacho que ni conocemos! – dijo su Padre negándose rotundamente.
—Ay por favor cielo, no seas tan duro con ella, tiene diecisiete años. — dijo su Mamá tratando de hacer entrar en razón a su papá.
—Exactamente, ¡tan solo tiene diecisiete años! Aún es mi bebe. — dijo su Padre mientras la miraba protectoramente, lo cual era habitual.
Violet la hermana mayor de Vanessa estaba pasando cerca de ellos y se interesó en la conversación.
— ¿Qué este pasado aquí? ¿Vane va a salir con quién? No puede ser … ¿¡Vane tienes novio!?— preguntó su hermana impactada. Vanessa entrecerró los ojos y le dirigió una mirada amenazante a su hermana que decía: ¡No estás ayudando en nada! Esta noto la mirada de su hermana, cerro su boca y se fue antes que la matara viva.
Su Padre se alarmó al escuchar la palabra “novio”, y Vane lo noto a simple vista.
—Tranquilo papá no tengo novio, no tienes por qué alarmarte. — Por lo menos por ahora no, pensó la chica. — además pase lo que pase siempre seré tu bebe, no tienes de que preocuparte es un muy buen muchacho, y si lo conocen, es el chicho que me acompaña hasta aquí a la casa, cuando Dalia no puede hacerlo. — dijo Vanessa con una sonrisa tranquilizadora.
—Tranquilo amor, la niña estará bien, solo serán un par de hora y estoy muy segura de que puede cuidarse sola. — dijo su Mamá en modo de apoyo.
Su papá se tranquilizó y con un suspiro profundo respondió: — Está bien, puedes salir y divertirte con ese chico, pero ¡no te diviertas mucho y llega temprano!
Vanessa sonrió a sus Padres y los abrazo en modo de agradecimiento, ya tenía un peso menos encima.
Pasaron los días, y llego el día de la cita, Vanessa estaba realmente nerviosa, nunca había salido con un chico de forma romántica, iba a ser algo casual, pero igual esperaba que todo saliera bien, no quería quedar mal con Eduardo.
Hizo una inspección a fondo a su armario para ver que ropa iba a ser la elegida, construyo una montaña de ropa arriba de su cama, hasta que encontró el vestido perfecto que iba a ponerse, era un vestido ligero con mangas vaporosas, ajustado en la cintura, de color crema y tenía un estampado de flores. Para terminarse de arreglar dejo su cabello suelto, se aplicó un poco de maquillaje en su rostro, se colocó unos tenis blancos y ya estaba lista, tomo su bolso a juego y salió rápidamente de su casa para encontrarse con Eduardo en el lugar que habían pautado, este era un centro comercial.
El centro comercial quedaba cerca de su casa, así que procedió a irse caminando, iba un poco apresurada, no había salido muy a tiempo que digamos y no quería llegar tarde, los dos chicos habían acordado en verse en unas bancas que estaban al frente del cine que se encontraba adentro del centro comercial, Vanessa se dirigió directamente a ese punto, cuando llego a su destino pudo ver que Eduardo ya estaba ahí esperándola, llevaba unos Jeans ne-gros y una camisa de algodón de color azul, entre sus manos tenía un girasol, que era la flor favorita de Vanessa, se veía tan apuesto ahí sentado esperándola, Vanessa se quedó paralizada por unos segundo, se había quedado sin aliento, cuando se recuperó siguió su camino hacia él.
Apenas Eduardo vio a Vanessa también se quedó asombrado, al instante se levantó de su asiento para saludarla. — Hola, Vane, estás realmente hermosa, esto es para ti, por cierto. — dijo él con una sonrisa mientras entregaba la flor a la chica.
—Hola, Eduardo, muchas gracias por el lindo detalle adoro estas flores, perdón si llegué un poco tarde, ¿te hice esperar mucho? – dijo ella tomando el hermoso girasol en sus manos.
—No fue nada Vane, y tranquila cuando mucho te espere cinco minutos. — dijo él riendo.
— A bueno, me quedo más tranquila y ¿Qué tienes pensado para nuestra cita?
—podríamos tomar un helado y luego ver una película ¿te parece bien?
—Me parece estupendo. – respondió ella sonriendo.
Él la guio a la heladería. — ¿Qué te gustaría pedir linda? – le preguntó él.
—Una paleta de galleta oreo me encantaría si no es mucho pedir.
—Enseguida— le respondió él – Dos paletas de galleta oreo por favor – dijo Eduardo rigiéndose al vendedor, y él se las entrego luego de pagar.
Los dos chicos se sentaron en una mesa para disfrutar juntos de sus helados, él no podía dejar de mirarla, no podía creer lo hermosa que se veía, esta chica hasta comiendo helado se veía hermosa, el saco su celular sigilosamente sin que ella lo notara y le tomo una fotografía, lo que él no sabía era que el flash estaba encendido e inmediatamente ella se dio cuenta.
— ¡Hey! ¿Qué estás haciendo? – interrogo ella un poco indignada – no vas por la vida tomándole fotos a la gente sin su permiso, ¿o sí?
Él se rio por el comentario de su acompañante.
— ¡No para nada! Simplemente quería tomar una foto para el recuerdo, te veías realmente hermosa, y sales preciosas en la foto, si quieres compruébalo tu misma – dijo el mientras alzaba su celular y le mostraba la foto, ella se sorprendió, en verdad se veía muy linda, pensó que debía pedirle a este chico que le tomara más fotos, le había salido muy bien.
—Deberías tomarme más fotos, en verdad te salió muy bonita.
—Tenía que hacerle justicia a la modelo que tengo al frente.
Vanessa se sonrojó y los dos chicos se sonrieron el uno al otro. Cuando los dos terminaron sus helados, el tomo su mano son ternura, y la encamino hacia el cine, mientras caminaban ella le devolvió el apretón de mano. Cuando llegaron se pararon justo al frente de la pantalla que presentaba las películas que tenía disponible ese día y los dos la analizaron con atención.
—Oye mira, están pasando una de terror, ¿te gustaría ver esa? – preguntó el emocionado, esperando que la respuesta de ella fuera positiva.
— Lo siento Eduardo, no me gustan las películas de terror, me dan mucho miedo – dijo ella riéndose de sí misma. —Igual ¿Quién ve una película de terror en su primera cita? No es muy romántico que digamos.
Él se rio, fingiendo estar ofendido. — Disculpe señorita, pero para su información las películas de terror son realmente románticas.
— ¿Ah sí? Pues explíqueme como podrían serlo mi buen señor.
— Con gusto le explico mi querida dama, pues como ya había mencionado usted, las películas de terror dan miedo, usted se asustaría y querría esconder sus ojos en mi galante brazo, y yo la abrazaría, una excelente idea lo sé – dijo él con un acento ingles muy malo, pero gracioso.
Los dos muchachos se miraron y no pudieron resistirlo, partieron en carcajadas, su risa era tan fuerte que los que pasaban a su alrededor los miraban raro. A Vanessa le encantaba esa sensación de que le dolía la barriga de tanto reír, le gustaba mucho pasar tiempo con Eduardo, porque si algo era seguro es que siempre habría risas y diversión. Ya calmada la situación los jóvenes estaba decidiendo que película por fin sería la escogida.
—Yo pienso que podríamos ver una romántica, esas nunca fallan – dijo ella con una sonrisa en su rostro – Si solo quieres ver la película de terror para tener la escusa y abrazarme, te aseguro que te abrazaré fuertemente durante cualquier otra película – confesó ella un poco sonrojada. Él se sorprendió mucho, solo pudo devolverle el gesto y dirigirse a la taquilla para comprar los boletos para la película romántica que ella deseaba.
Los dos jóvenes volvieron a entrelazar sus manos mientras se encaminaron a su sala asignada, a los muchachos le estaba gustando bastante la sensación de sus manos entrelazadas, los dos sentían un lindo sentimiento en el corazón.
Se ubicaron en sus respectivos asientos y disfrutaron de la película mientras comían palomitas de maíz, Eduardo las había comprado para los dos antes de entrar a su sala. Vanessa cumplió con lo de le dijo a él, en medio de la película acerco su cuerpo al de él y se acurrucó en su hombro mientras lo abrazaba, le gustaba esa cercanía, podía sentir el calor que desprendía su alto y tonificado cuerpo, él le devolvía el abrazo envolviéndola con sus brazos alrededor de sus hombros, le gustaba tenerlo cerca de él, sentía que comenzaba una conexión entre los dos, y no se estaban equivocando para nada.
Termino la película y los dos se levantaron de sus asientos y se dirigieron a la salida del cine, los dos hablaron sobre la película que acababan de ver, se comentaban entre sí sus partes favoritas y las no tan favoritas, entonces se sentaron en una de las bancas para terminar de platicar.
—Te gustaría que nos tomáramos unas fotos juntos— pregunto él un poco tímido
Ella le sonrió.
—Si me encantaría – respondió ella. El tomo su celular con una mano un poco nerviosa, ella le sonrió para que se calmara un poco y funciono, se tomaron unas fotos muy lindas y otras un poco graciosas. Los dos muchachos luego de eso se fueron directamente a la salida del centro comercial, para irse a sus hogares, Eduardo como el caballero que era, aun tan solo tuviera diecisiete, la acompaño a su casa, hablaron y rieron durante el pequeño trayecto hasta su casa, Vanessa no recordaba la última vez que se había divertido tanto con alguien de esa forma.
Él la acompaño hasta la puerta de su casa y antes que se despidieran le tomo la mano.
—Me la pase genial, espero que tu igual— dijo él con un gesto amable.
—Fue increíble, gracias por todo – dijo ella sin poder evitar sonreír.
— Mmm … ¿Te gustaría tener una segunda cita conmigo? — dijo el mientras se ponía nervioso de nuevo.
— Me encantaría – dijo ella, apretando la mano de él con cariño.
Él asintió sonrojado, no podía creer que había aceptado ¡De nuevo! Los dos se despidieron con un fuerte y cálido abrazo. Cuando ella se cerró la puerta de su casa, aunque no podían verse, los dos tenían una sonrisa boba en su rostro, se estaban enamorando el uno del otro.
Ella no podía creer que se estaba enamorando de nuevo, él con su ternura, amabilidad y cariño estaba arreglando su corazón roto sin saberlo, ella pensaba que estaba soñando, nunca había conocido un chico como ese. Y en su lado él no podía creer que estaba saliendo con la chica que le gustaba, esa chica que había fechado su corazón desde el primer momento en que la vio, podía recordar cómo se había paralizado el mundo cuando la vio por primera vez, bajando majestuosamente las escaleras de su escuela, él solo podía verla a ella. Y lo que no sabían era que de ahora en adelante sería así, solo podían verse el uno al otro, a nadie más.