Vanessa había tenido unas maravillosas tres semanas en su nueva escuela, cada vez se estaba acoplando mucho mejor, se llevaba muy bien con sus profesores y profesoras, cada vez era un poco menos tímida y estaba conociendo mejor al grupo de personas que le había presentado su querida amiga Dalia.
Este era un día importante, la semana pasada les habían informado que tendrían una excursión escolar a un museo de arte muy conocido en su ciudad, Vanessa estaba realmente emocionada, se había despertado muy temprano por la mañana para tener todo listo en un perfecto orden.
A ella le apasionaba mucho el arte, le encantaba poder admirarlo y poder aprender de él, quería estar lista para la situación, busco su mochila y guardo todas las cosas que eran creía muy necesarias, como el permiso firmado por sus padres, un cuaderno y un lápiz para anotar los datos interesantes de las obras de arte, y su cámara para poder fotografiar todo y luego mostrárselo a su amada familia. Y claro otras cosas esenciales como su comida y agua.
Tomo su mochila colocándola sobre sus hombros y se encaminó a salir de su edificio para encontrarse con su amiga Dalia, bajo corriendo las escales, yendo directo al punto donde se encontraba con ella, cuando la vio a la distancia camino rápidamente hasta ella y cuando estuvo lo suficientemente cerca la saludo con un fuerte abrazo, las dos jóvenes estaban emocionadas, hablaron todo el camino sobre su viaje al museo.
Cuando estaban acercándose a la escuela vieron un autobús gigantesco a la distancia, había muchos alumnos a su alrededor, en el momento que llegaron a la escuela pudieron encontrarse con sus amigos, todos se saludaron gustosamente, y mientras esperaban arribar en el autobús para emprender su viaje, hablaron de los felices que estaban de conocer un museo de artes, para muchos era su primera vez visitando a un lugar como ese.
Todos subieron al autobús mientras los maestros los acomodaban en sus asientos, Vanessa se sentó junto a Dalia, a su lado derecho estaban Eduardo y Joseph sentados juntos, pasaron el viaje entre risas y cuentos, los cuatro chicos se llevaban muy bien y la pasaban genial cuando estaba juntos.
Tomo tan solo unos minutos para que llegaran a su destino, cuando llegaron el autobús estaciono y todos procedieron a bajar de él. Al estar al frente del museo pudieron apreciar su belleza, era un edificio blanco, con figuras de metal con formas de animales pintadas con el color oro, estos animales eran un toro, una vaca y un puma, quizás les parezca un poco extraño, pero eran animales que representaban a esa ciudad, porque anteriormente cuando no había población esos animales predominaban el lugar.
—Wow que hermoso es este lugar. — comentó Vanessa boca abierta.
—No puedo imaginar cómo será por dentro. — dijo Eduardo igual de fascinado.
Todos entraron al edificio, cuando estuvieron dentro del lugar los atendió una chica guía, que les iba a dar un recorrido por todo el museo. —síganme por aquí. — dijo la señorita guía con una sonrisa en su rostro mientras señalaba a la derecha.
Todos la siguieron y caminaron pasillo abajo, las paredes de todo el lugar eran blancas para poder resaltar los hermosos cuadros que estaban colgados en ellas, también había estatuas y monumentos. Los alumnos se les quedaban viendo maravillados, todas las obras eran diferentes, pero todas eran hermosas.
A Vanessa le llamo la atención una obra en particular, esta consistía de seis cubos separados que estaba levitando sobre el suelo, todos los cubos eran diferentes y tenían distintos colores, a ella le fascinó la combinación, ¿cómo podían ser tan distintos, pero fusionarse a la vez?, Eduardo también lo noto, y se acercó a ver la obra de arte igual que ella había hecho.
—Es sorprendente ¿no? – dijo él al notar que pensaban lo mismo.
— ¡Si! Es impresionante como todo se fusiona en una obra maestra. — dijo ella aun observando la obra.
—Una prueba más que cerciora que los opuestos se atraen. — dijo el mientras la miraba a ella con fascinación. Ella no supo lo que él quería dar a entender con ese comentario.
—Hola, tortolitos, ¿qué hacen por aquí tan solos? — preguntó Joseph mientras los inspeccionaba con la mirada. Su amigo le lanzo una mirada que significaba que se alejara, pero Joseph negó con su cabeza queriendo decirle que no se iría a ningún lado.
—Estábamos apreciando las obras del museo, simplemente nos llamó la atención la misma. — respondió Vanessa con una sonrisa despreocupada. — deberíamos volver con los demás, para no quedarnos atrás. — continuó ella mientras caminaba en dirección al grupo de alumnos que estaba alrededor de la señorita que los guiaba.
—Chica el arte es increíble!, desearía tener la capacidad de crear cosas como lo hacen los artistas. — dijo Dalia, dirigiéndose a Vanessa.
—Es increíble ver como todas las personas tienen diferentes talentos y tranquila Dalí, yo sé que posees muchos de ellos. — dijo ella con una sonrisa alentadora rostro.
— Tiene razón Vane, todas las personas poseemos talentos. — aporto Eduardo.
—Aunque todos sean distintos, todos poseemos uno de ellos. — certifico Joseph apoyando a sus compañeros.
Dalia sonrió con un gesto satisfecho en su rostro por el apoyo de sus amigos. Recorrieron todo el museo deleitándose en cada una de las obras de arte que estaban en él, Vanessa se movía de aquí para allá tomando fotografías con su cámara.
Cuando se estaban dirigiendo a la salida para volver a la escuela, vieron que cerca de la puerta estaba colocada una estatua de una mujer realmente hermosa, todos se quedaron sorprendidos por la belleza que poseía, Vanessa fue rápidamente a acercarse para fotografiarla y Eduardo fue traes ella.
— ¿No te parece maravillosa? — le preguntó Vanessa a Eduardo.
—Me parece increíble, pero he visto cosas mejores. — respondió Eduardo con un tono ligero en su voz.
— ¿En serio? A ver dime, ¿Cómo cuáles? – interrogó Vanessa.
— Por ejemplo… ¡Tú! — dijo el mientras la miraba con cariño.
Ella se quedó estupefacta, luego se sonrojó un poco mientras procesaba lo que acababa de pasar. — Muchas gracias, me alaga que pienses eso de mí. — dijo Vane un poco apenada.
— ¿Como no pensar eso de ti? Realmente eres una obra de arte Vanessa. — dijo él con una sonrisa.
—Por favor Eduardo, me estás sobrevalorando un poco. — dijo ella mientras sus mejillas se coloraban de nuevo.
—Yo no lo veo de esa forma, en serio creo eso Vane, tu personalidad y belleza no se comparan con la de ninguna. — El bajo su mano, tomando la de ella con delicadeza, luego la apretó amistosamente mientras le sonreía con una sonrisa cálida, Vanessa le devolvió el gesto, sonriéndole con sus ojos llenos de luz, simplemente se quedaron en silencio, disfrutando el momento.
Luego el maestro a cargo de la excursión se dio cuenta de que se habían quedado un poco atrás y los llamo porque los demás alumnos estaban abordando el autobús. Ambos se apresuraron a encontrarse con sus compañeros y también procedieron a subir al autobús.
Cuando ya todos se encontraban ubicados en sus asientos, el autobús comenzó a retornar a la sede estudiantil. — fue maravillosa esta experiencia, ya deseo repetirla. — dijo Dalia muy alegre.
—Pienso lo mismo que tu Dalia, si no hubiera sido por hoy no me habría dado cuenta de que adoro el arte. — dijo Joseph. A partir de ese día Joseph amaría el arte, y le encantaría dibujar y expresarse por medio de sus dibujos, Eduardo y Vanessa también compartían esa pasión, le encantaba expresar sus emociones y sentimientos de esa manera.
El autobús estacionó al frente de la escuela en el preciso instante en que los amigos terminaban su charla, los profesores indicaron que bajaran de una forma segura y ordenadamente del autobús, y luego se dirigieran directo a sus aulas de clase.
Todos obedientemente siguieron las instrucciones de sus profesores para dirigirse a sus aulas y seguir con sus clases en lo que restaba de día, y así fue, durante ellas hablaron sobre algunas obras de arte en particular, y sobre los artistas que las realizaron, aprendieron datos sobre casi todas las pinturas, esculturas y obras que estaban en el museo.
El tiempo paso volando, rápidamente el reloj marcaba las 12:00 pm, sonó el timbre y todos los estudiantes se encaminaron a la salida de la escuela. — Oigan chicos esperen un momento quería preguntarles algo. — dijo Joseph hacia su grupo de amigos. Todos se voltearon a su dirección para poder prestar atención a lo que iba a decir.
—Si claro dinos. — dijo Eduardo intrigado.
—Me preguntaba si este fin de semana les gustaría que saliéramos todos juntos para pasar un rato en el parque de la vecindad, ¿Les parece? – preguntó Joseph.
—A mí me parece una excelente idea, cuenta conmigo. — dijo Vanessa emocionándose por la idea.
— ¡Si suena genial! – dijeron Dalia y Eduardo.
— ¡Increíble! Entonces nos vemos el sábado en el parque a las 2:00 pm. — afirmo Joseph a sus amigos.
—Si amigo ahí estaremos. — dijeron todos al unísono.
Los amigos se despidieron los unos de los otros, Vanessa como todos los días anteriores se fue con su amiga Dalia, durante todo el camino hablaron sobre su día y sobre lo que más les gusto de él. Y Vanessa le contó con lujo de detalle el momento romántico que tuvo con Eduardo, con tan solo recordar cómo fue la escena y se ponía colorada.
— ¡No puedo creerlo! – dijo Dalia asombrada por lo que relataba su amiga.
— ¡Pues créelo chica! Realmente paso, fue tan amable y dulce, si hubieses estado allí no podrías creer como me miraba, había algo en su mirada que aún no puedo entender, pero al recordarlo causa un sentimiento tan lindo en mi corazón, amiga. — dijo Vanessa con un tono de ilusión en su voz.
—Amiga algo me dice que Eduardo está enamorado de ti. — dijo dalia con convicción
—No seas tonta Dalí, apenas nos conocemos hace cuatro semanas, las personas no se enamoran así de rápido. — dijo Vane negando con la cabeza.
—Tú no lo sabes chica, no puedes leer sus pensamientos, ni mucho menos sus emociones. — dijo Dalia con el ceño fruncido. Vanessa analizó la afirmación de su amiga, y se quedó sorprendida al darse cuenta de que ¡tenía razón! Ella no podía leer a las personas, solo ellas sabían que sentían y lo que pensaban.
—Quizás fue amor a primera vista… — dijo Dalia aun pensando sobre el asunto.
—Ay por favor Dalia, el amor a primera vista no existe, es algo sobrevalorado. — dijo Vanessa mientras ponía sus ojos en blanco, dando a entender que no quería hablar más sobre el tema. Su amiga entendió la indirecta y no hablaron más sobre el tema.
Lo que ella no sabía era que en un futuro cercano iba a tragarse sus propias palabras, porque gracias a una persona muy especial que acababa de llegar a su vida, aprendería que el amor a primera vista si existe y podría ser la semilla para que un hermoso amor de frutos.
***
Era el día sábado por la mañana, Vanessa se había despertado muy temprano para alistarse y salir con sus amigos por la tarde, corría de un lado para otro por su habitación, su habitación era espaciosa las paredes eran de colores pasteles, el color rosa Salmón era el que predominaba, su cama individual estaba cubierta por un hermoso edredón color turquesa, ella adoraba ese color, tenía muchos cojines a juego y un gran espejo al lado de su closet, ella tenía una gran fascinación por la moda así que cada atuendo que elegía primero debía verlo en ese espejo.
Cuando ya estaba lista, procedió a tomar su celular para informarle a sus amigos que había invitado a Layla una amiga de su infancia a acompañarlos, sabía que Dalia se iba a poner un poco celosa, pero podría manejar con facilidad un poco de celos por parte de su mejor amiga.
— ¡Hola, chicos! Les quería decir que llevaré a mi amiga Layla conmigo, espero que no les moleste. — escribió Vanessa por el grupo de mensajes que tenían todos juntos.
—Hola, Vane, a mí no me molesta, me parece genial. — respondió Joseph con emojis sonrientes en su mensaje.
—Si es bonita yo no tengo ningún problema. — respondió George con un emoji que guiñando su ojo.
Vanessa envió emojis que volteaban los ojos, para así luego soltar su teléfono. Todos los chicos del grupo le caían realmente bien, eran amistosos y muy amables, pero no soportaba la coqueta y molesta actitud de George, estaba segura de que él podría coquetearle a todo lo que se mueve en esta tierra.
Tomo las llaves de su casa para salir y dirigirse a buscar a Layla, abrió la puerta de su hogar y bajo las escaleras rápidamente, salió de su urbanización y se dirigió a la calle en donde se encontraba la casa de su querida amiga. Así lo hizo, recogió a su amiga en la puerta de su residencia, las amigas (que tenían mucho tiempo sin verse) se abrazaron con un cálido abrazo.
— ¡Hola, amiga! Tiempo sin verte, cada vez que paso tanto tiempo sin verte te pones mucho más hermosa, ¿Qué te dan de comer chica? — dijo Layla mientras inspeccionaba con su mirada a Vanessa.
—Hola, Laly, me alagas, quizás por fin la pubertad está haciendo lo suyo, pienso lo mismo de ti amiga, cada vez que te veo estás más guapa. — respondió Vane con una sonrisa amable.
Las dos chicas se encaminaron al parque donde se encontraban los amigos de Vanessa, mientras se ponían al día sobre cosas que habían sucedido en su vida en ese corto tiempo en que no se habían podido ver, las dos estaban alegres de poder pasar un momento juntas de nuevo.
—No sé si te lo comente amiga, pero creo que me gusta un chico. — dijo Vanessa mientras su amiga se sorprendía un poco por su comentario, Vanessa lleva casi un año sin que gustara de nadie, no había sentido atracción por nadie desde que le rompieron el corazón.
— ¿¡En serio Vane!?, no lo puedo creer, paso tanto tiempo desde que escuche esas palabras salir de tu boca, debe ser un chico muy especial para tener el honor de gustarle a una chica como tú – dijo Layla mientras se reía.
— Por favor Laly no es para tanto, yo soy una chica común y Él… él es especial, pero él me mira como si a sus ojos fuera distinta, no sé cómo describirlo, pero es algo maravilloso, amiga que… que alguien te mire con fascinación, aún no estoy muy segura si me gusta, ya sabes … Por lo que paso la última vez quiero, resguardar mi corazón. — dijo Vanessa con una mirada insegura, una mirada que solo conocían sus mejores amigas. Layla la miro con comprensión y le dio un apretón de mano para inculcarle un poco de confianza, funciono y la muchacha alzo su cabeza con una gran sonrisa en su rostro. Vanessa se sentía agradecida con sus amigas, por siempre estar para ella cuando otras personas la hacían sentir que valía menos de lo que era su verdadero valor. Ella sabía que nunca se harían eso la una a la otra, y eso la tranquilizaba, no quería volver a salir lastimada.
Las dos chicas siguieron caminando calle abajo hasta que llegaron a un hermoso parque, tenía unos pequeños bancos de cemento color verde en la que las personas podían sentar a hablar, era un lugar abierto, estaba rodeado de árboles por doquier, pero un árbol en particular atrajo la atención de Vanessa, era grande y majestuosos, tenía flores realmente hermosas de un color rosado claro, el nombre del árbol era Apamate, era muy conocido en la región porque en cada primavera brotaban sus hermosas flores, Vanessa le encantaba esa época del año, era su estación favorita del año, adoraba los colores y la vida y poseían las plantas.
Tomaron asiento en una de las bancas mientras sentían como el viento rozaba sus rostros, observaron al majestuoso árbol moverse de un lado a otro, haciendo que sus flores bailaran en el aire hasta que tocaban al suelo, transcurrieron unos minutos y llegaron todos los chicos.
—Hola, ¿chicos, como están todos? – dijo Vanessa mientras saludaba a todos con su mano.
— Hola, lindas, ¿Cómo están? – dijo George con una sonrisa pícara en sus labios. Las dos chicas voltearon los ojos al unísono.
Layla se acercó a la oreja de su amiga y le susurro: —¿Ese es el idiota del cual me hablaste?
— ¡Si!, ese mismo, no te acerques mucho a él – respondió Vanessa, y las dos amigas rieron.
—Hola, chicas, Hola Vane ¿Cómo estás? ¿No nos vas a presentar a tu amiga? – dijo Joseph tan alegre como siempre. Las dos chicas se sonrojaron un poco. — Chicos esta es mi amiga Layla, es muy divertida de seguro les agradará a todos, ¡y no se sobrepasen con ella! La chica es muy lista. —respondió Vane.
— Hola a todos, es un gusto conocerlos, Vane ha hablado mucho sobre ustedes. – dijo Layla un tanto tímida.
—Todos están un poco locos por aquí, pero te aseguró que te reinarás mucho – dijo Eduardo con un tono amable en su voz. — Hola, Vane – dijo él con una sonrisa atontada en su rostro.
—Hola, Eduardo— dijo esta mientras sonreía con sus mejillas coloradas. Al ser una persona blanca y muy penosa Vanessa tendía a sonrojarse mucho.
— ¡¿Y no piensas saludarme a mí?! – exclamó Dalia con un tono receloso. Vanessa se rio y se acercó a ella, sabía que su mejor amiga iba a tener esta reacción.
— ¡Hola, mi hermosa mejor amiga! ¿Cómo estás? – dijo ella envolviéndola con sus brazos. Su amiga se resistió un poco haciendo pucheros, pero luego no lo pudo evitar y le devolvió el abrazo, las dos muchachas se rieron.
—Yo bien, ¿y tú querida? – respondió Dalia un poco más alegre.
— Yo excelente señorita celosa – dijo vane mientras se reía de la escenita de celosos de su mejor amiga.
Todos se sentaron en los bancos y platicaron sobre su interés en común, rieron y contaron chistes. Todos se partieron de risa al ver la imitación de Eduardo de la profesora de química, María, siempre les gritaba y trataba mal, pero lo más gracioso era que la profesora tenía la voz igual a la de una ardilla, ¡Hasta un poco más aguda! Se rieron hasta que les dolía la barriga de tantas carcajadas.
Cuando ya estaban calmados Eduardo se acercó a Vanessa y hablaron de lo hermoso que era el paisaje a su alrededor. — Aquí todo es realmente hermoso, me tiene cautivado la belleza de ese apamate, desde niño siempre me encantaron las plantas, aunque suene un poco raro — comentó él.
— ¡Yo note exactamente lo mismo! apenas llegue a este lugar no pude dejar de ver ese hermoso árbol, me encanta la primavera es la mejor estación de todas, nunca dejará de asombrarme – dijo ella.
— ¿Sabes que más me tiene cautivado? … — pregunto él.
— No, dime ¿Qué cosa? – dijo ella expectante a su respuesta.
— ¡Tú!, tu inigualable belleza, sigo sosteniendo lo que dije en el museo Vane – respondió él con una sonrisa boba en su rostro. En ese punto él estaba tanto asustado como maravillado, esta chica tenía algo que simplemente lo hechizaba y lo atraía hacia ella. — no dejo de pensar en ti… y te quería preguntar algo. — Dijo él un poco nervioso.
— Yo tampoco dejo de pensar en ti, y en lo lindo que eres conmigo. Nadie nunca me había tratado de la forma como tú lo hace – dijo ella mirándolo con admiración.
—Tú te mereces eso y mucho más bella… te quería preguntar… ¿Te gustaría salir conmigo? – dijo el mientras le sonreía y extendía su mano hacia ella.
— Me encantaría salir contigo – respondió ella con una expresión de felicidad, extendió su mano hacia la de él y la apretó fuertemente.
Todos se retiraron de vuelta a sus hogares felices por su encuentro de amigos, pero nadie está más feliz que estos dos muchachos, lo que no sabían era que el día de su cita sería el día con que comenzaría todo.