– ¡Por supuesto que no! Sí, cuando te vi por primera vez sentí algo que me jaló a ti, naturalmente me atrajiste desde la primera vez, no sabía que eras una de las mujeres elegidas hasta que… Miguel guardó silencio el desespero y el temor en sus ojos era claro. Rayos, era incómodo para mí insistir, pero sabía que tenía que hacerlo. – Miguel, dijiste que respondería todo lo que preguntara. – Si, si, lo sé. Es solo que… Alejó su mano de la mía, desvió su mirada hacia la pared y revolvió su melena rubia, desordenándola. Se tomó unos segundos y pensé que no me iba a responder, pero giró su cuerpo mirándome a los ojos nuevamente, esta vez su mirada no solo mostraba desesperación sino también una resolución como si hubiera tomado una difícil decisión. – ¿Recuerdas esa vez que llegué a tu ca

