Me sentía más calmada cuando él estaba a mi lado. Dos oficiales más se suben en el auto y se dirigen a la dirección que les doy para ir por mi hijo. - ¡Mamá, papá! – grita corriendo hasta nosotros. - Hola campeón – saluda su padre. - Hola cariño – beso su mejilla. - Debemos irnos – menciona el oficial Muñoz. - He empacado ropa para los tres, espero que sea suficiente – informa mi abuelo. - Gracias abuelo – lo abrazo – volveremos pronto, ¿puedes encargarte de la empresa por mí? – pregunto. - Por supuesto, vuelvan con vida – asiento. Todos nos despedimos y subimos de nuevo al auto para ir a nuestro refugio temporal. Había pensado que ya se había terminado todo, pero está claro que aún nos falta un último obstáculo para ser completamente felices. Cuando llegamos al refugio, nos

