El mismo día Paris Bruno Cuando no todo depende de nosotros, nos sentimos impotentes, desesperados, con ganas de gritar hasta quedarnos sin voz, de romper todo a nuestro paso, de arrancarnos esta piel que nos encierra en un destino que no elegimos. Porque depender de otros es una tortura lenta, desgastante. Nos deja vulnerables, desnudos ante la incertidumbre, obligados a mirar cómo el mundo sigue girando sin importar nuestras súplicas. Pero lo peor, lo más aterrador, es ver en sus ojos esa indecisión. Esa fracción de segundo en la que titubean, en la que la duda se instala como una sombra en su mirada y comprendemos que estamos solos. Que jamás hubo una promesa real, solo palabras vacías disfrazadas de seguridad. No hay empatía, ni un gramo de culpa. Solo esa ma

