Al día siguiente En las cercanías de Paris Zahara A veces, una corazonada tiene más fuerza que mil palabras. No es solo lo que nos grita en silencio, es esa sensación abrasadora que nos empuja a actuar contra toda lógica. Un presentimiento puede ser más brutal que cualquier verdad porque no necesita pruebas para consumirnos. Basta con creer haber visto algo, haber sentido una ausencia demasiado presente, para que el cuerpo reaccione antes que la razón. En ese instante, los latidos se vuelven erráticos, la boca se reseca y el aire se vuelve insuficiente. Es un golpe en el pecho, un vacío repentino que nos arrastra sin compasión. La impotencia nos toma por la garganta mientras avanzamos a ciegas, atravesando sombras, persiguiendo lo que se aleja sin darnos tregua. Pero no basta con una c

