Capítulo 3

2587 Palabras
Mi hermana y yo le estábamos preparándole una cena sorpresa a nuestros padres, ninguno de los dos sabíamos mucho de cocina, así que el menú era muy limitado, el viernes después del colegio le pedimos a nuestro abuelo que nos llevara de compras, compramos velas aromáticas, varios tipos de quesos, un vino muy caro y sidra sin alcohol para nosotros, ingredientes para ensalada y lo demás la abuela nos ayudaría a cocinarlo. Se nos fue todos nuestros ahorros de los últimos tres meses, pero ambos estábamos felices de hacer aquello. El abuelo quiso ayudarnos a comprar las cosas, nos negamos, pues de lo contrario no sentiríamos que fuera nosotros que organizaríamos la cena. Cuando llegamos a casa, Laly y yo fuimos por todos los alrededores y recogimos algunos girasoles de los que mamá tenía sembrados, mañana seguro estaríamos de castigo por acabar con sus rosas, hoy no nos importaba eso. –Creo que ya está bien – dije contando la docena de girasoles que llevaba en los brazos – ¿Cuántas tienes tú? –12– me respondió mientras se colocaba un girasol detrás de la oreja, le sonreí. –Déjame arreglártela – me acerque a ella y se lo coloque mejor – ahora sí. –Gracias, hermanito – me sonrió, con esa hermosa sonrisa que tenía, en las mejillas pude ver sus pequeños hoyuelos. –Estas hermosa – junte mi frente con la de ella. –Siempre lo he sido. –Humildad, humildad, hermana – dejo salir una carcajada a lo que se alejaba de mí. – Vamos a ayudar a la abuela – asentí y la seguí, como lo he estado haciendo desde que nació. La abuela estaba en la cocina, ayudándonos a hornear un pastel de carne, pero en realidad era ella quien lo hacía, nosotros solo le pasábamos cosas, el cuchillo, la carne, los sazones y seguimos así. –Los adoro, niños– me dio un beso en la mejilla y luego otro a Laly–la cena le va a quedar hermosa. –Gracias, abuela– dijimos al mismo tiempo. –Los dejo, recuerden que sus padres llegaran en media hora– asentí. Toda la comida ya estaba preparada y en el horno–en 10 minutos apagan el horno. Ni más, ni menos. –Esta buen, abuela– Laly se la llevo de la cocina– nosotros tenemos todo controlado. –Te amo, abuela– grite, cuando mi hermana logro sacarla de la cocina. Unos minutos después Laly volvió a la cocina. –¿Vamos a elegir el comedor de la cocina o el principal? – le pregunte. –El principal es más elegante– asentí, tome el florero en mis brazos y Laly vino detrás de mí con las flores, las colocamos en el centro de la mesa, luego como la abuela nos indicó pusimos los platos y los tenedores, yo volví a la cocina por las copas, saque el vino de la nevera y los lleve a la mesa, mi hermana estaba poniendo las velas cuando entre. Escuchamos el sonido del horno y ella fue a sacar el pastel. Deje las cosas ordenadas en la mesa, se me escapo una sonrisa, imaginaba las caras de mis padres al entrar. –Traigo más velas– dijo Laly– vamos a colocarlas alrededor del salón para dejar la casa a la luz de las velas. –Perfecto–le dedique una sonrisa. La ayude a poner las velas y cuando estuvimos satisfechos nos echamos a reír, por ninguna razón en especial. Desde pequeños tuvimos esa conexión, que nos mirábamos y terminamos riendo, esperaba, de todo corazón que siga estando ahí para toda la vida. Nos reímos hasta que me comenzó a doler el estómago. –Es mejor que terminemos, ellos llegaran en cualquier comento. Además, tenemos que cambiarnos–asintió, aunque seguía riendo a carcajadas, por toda la casa dejamos un camino de pétalos de rosas rosa y rosadas, estas sí las compramos, porque mamá si nos mataría. Pusimos pequeños velones alrededor del camino para que se viera iluminado. No vivíamos en una casa tan grande, a lo largo de los años le habían hecho alguna que otra remodelación, mamá se negaba a seguir construyendo, no quería vivir en una mansión, decía que no nos quería criar en ese ambiente, aunque yo sabía muy bien que papá antes había sido millonario y que lo había dejado todo por ella. Él no parecía molestarle la sencilles de nuestro hogar, sí que era un hogar, mamá se había encargado que cada pequeño rincón de la casa se sintiera acogedor. Podías ver flores frescas todos los días en la cocina y en el recibidor, decoración diferente cada que cambiaba de estación. Miles de fotos por todas partes de nosotros a lo largo de los años, pero la habitación de mis progenitores las cosas eran totalmente diferentes, su habitación, baño y armario eran tan grandes como toda la casa. Y allí había fotos, fotos subidas de tonos de mi madre, según tengo entendido era de cuando ella estaba en sus 20, justo antes de conocer al que sería el amor de su vida. –Es hora de cambiarnos– hablo mi hermana. –Sí– cada uno fue a su respectiva habitación y rápidamente nos cambiamos a ropa de traje y corbata. Mi celular sonó sobre la mesa de noche, con el timbre que era particularmente para mis abuelos, eso indicaban que mis padres habían llegado. –Laly, ya llegaron– le gripe, nuestras habitaciones estaban unidas por el baño, así que podíamos salir y entrar de una habitación a otra sin salir al pasillo. –Ya salgo– grito de vuelta. Salí en dirección a la sala y tomé el control de la TV para poder reproducir el video que habíamos grabado para ellos. Escuche los neumáticos sobre la gravilla del patio trasero. El corazón me dio mil vueltas. –Laly, las velas– me puse manos a las obras apagando las luces y encendiendo las velas del pasillo. Tenía unos 5 minutos antes de que ellos entraran a la casa. Fue un récord hacer todo y en el último momento, Laly llego a mi lado con una sonrisa boba en la cara. –¿Listo? – me pregunto. –Listo– cuando escuché las voces en la entrada principal, le di al botón y la música empezó a sonar. Nos quedamos de pie, a unos centímetros de la puerta, la casa estaba a las luces de las velas y cuando la puerta se abrió sonreí ampliamente. Mi papá dejo entrar a mamá primero, como siempre lo había visto hacer y ella puso su cara seria al ver todo aquello. –Pero…– dijo y se interrumpió cuando su mirada se posó sobre los dos adolescentes frente a ella. –Sorpresa– dijimos tímidamente. –Niños– volvió a hablar, mi padre permaneció detrás de ella, con sus manos sobre sus hombros con una expresión entre sorprendido y alegre. –¿Qué sucede? – mamá seguía mirándonos fijamente. –Solo queríamos hacer algo por ustedes…– empecé a hablar. –Para agradecerles por ser los mejores padres del mundo– termino la Laly. Mamá al fin sonrío y sus ojos se llenaron de lágrimas. –¿Sabías algo de esto? – miro a mi padre quien negó con la cabeza. –Para nada… estoy tan sorprendido como tú, cariño. –hablo por fin– gracias, niños– dijo sonriendo, con aquella sonrisa de pura felicidad, como hacia tanto no sonreía. Esta vez, fui a mí que se me llenaron los ojos de lágrimas. –¡Dios mío! Eres tú– dijo mamá dando un paso adelante, mientras miraba la TV del salón. –Sí– me mordí el labio. –Es nuestra canción– volvió a decir. –Sí que lo es– la siguió papá. –Cantas precioso, Rey. –Gracias, mamá– ella vino hasta donde estábamos y nos abrazó, posando un brazo en mi hombro y el otro en el de la más pequeña de la casa. Papá no tardo en unirse al abrazo. –Ustedes son los mejores hijos que se puede pedir– dijo entre llanto. –Mamá, no llores– la reprimió Laly. –Lo siento, mi pequeña– le dio un beso en el pelo y luego otro a mí– pero hablo enserio, los amo tanto. –Y nosotros a ti, mamá. –le respondí. –Papá, también te amamos, de aquí hasta el infinito– dijo mi hermana. –¿Solo hasta el infinito? – curioso. –Y más allá– los cuatro nos reímos, permanecimos abrazados unos segundos más. –Bueno…–mi hermana tomo el mando como siempre. – lamento interrumpir este hermoso momento, pero las cosas no llegan hasta aquí– mis padres se alejaron mirando interrogantemente a su pequeña. –Por favor, por esta noche… –Y solo por esta noche– recalculo mi hermana. –Seremos sus sirvientes. Por favor, síganos. – los llevamos por el camino de pétalos de flores. –¿Esas no serán mis rosas? –Claro que no, mamá. ¿Cómo puedes pensar algo así de nosotros? – papá se iro a carcajadas, nos detuvimos cuando entramos en el comedor, nos echamos a un lado para dejarlos pasar. –Esta noche, es para ustedes– dije, ellos entraron por completo. –Esta hermoso–volvió a hablar mamá. –Es para ustedes– le sonreí. –Pueden tomar asiento– Laly tomo la cartera de mamá de su hombro y yo fui por el saco y las llaves que tenía el mayor de los cuatro. –Gracias, hijo– asentí. –De nada, papá. Queremos que se relajen y degusten de una hermosa cena, que hemos preparado especialmente para ustedes. Tomen asiento. –dejé las cosas sobre el mueble de la sala y fui directo a la cocina, empecé a llevarle los platos con la entrada, eran unas canasticas de plátano rellenas de guacamole y camarones. Esto si lo había cocinado yo, eran de las pocas cosas que sabía hacer. –Que delicioso, Rey– mamá me sonrió cuando puse los platos sobre la mesa. Le devolví la sonrisa. –Esta es solo la entrada– fui a abrir el vino. –Rey, ya lo hago yo– me dijo, papá. –Pero…– quise protestar, pero al final cedí. Le di la botella y él elegantemente la tomo y lo observe hacerlo, yo jamás tendría esa elegancia que él siempre había poseído, llevar traje todo el tiempo y que siempre se veía bien, saber cómo hacer este tipo de cosas, servir perfectamente el vino y saber cuál es la cantidad exacta. Silenciosamente, Laly y yo nos retiramos a la cocina y los dejamos a solas. Unos minutos después volvimos a entrar con el plato principal, ensalada, pan de ajo con queso parmesano y el pastel de carne. Retiramos los platos de la entrada y dejamos estos. –Esperamos lo disfruten– dijo Laly, poniendo la voz de niña. –Muchas gracias, niños– nos volvimos a retirar, mi hermana y yo cenamos en la cocina, disfrutando de las risas y los susurros que nos llegaban a la cocina. –Lo están disfrutando. –ambos nos miramos a los ojos. –Eso espero– me respondió, Laly. –oye, hermanito. –Dime– me lleve un pedazo de pastel a la boca– esto esta delicioso– confese, ella asintió. Se puso seria de repente. –¿Qué sucede? – me inquiete. Negó con la cabeza. –Solo quería decirte que eres el mejor hermano mayor del mundo– me dedico una pequeña sonrisa que no le llego a los ojos. –Tú… pequeña gigante, eres la mejor en todo. –Gracias– y desconocía porque me la daba. Cuando terminamos de cenar, esperamos unos segundos para volver al comedor y retirar los platos. –¿Cómo la están pasando? –pregunto Laly. –De maravilla– le respondió papá– muchas gracias nuevamente. –El postre viene en seguida. –¿Podemos tomarlo en la sala? – pregunto mamá. –Por supuesto– hablo Laly antes que yo, se pusieron de pie y salieron en dirección a la sala. Yo me quede atrás, recogiendo todo. Deje los platos en el fregadero para poder sacar la tarta helada de la nevera, era la favorita de mamá, de vainilla y dulce de leche. Le serví una pequeña porción, en un plato y tomé dos pequeñas cucharas de postres. Laly estaba llevando lo que quedaba el vino y las copas, nos juntamos en el pasillo y entramos juntos al salón. –Nos despedidos por esta noche, esperando que haya tenido una excelente velada– Laly le paso sus copas. –Muchas gracias por todo, niños– dijo papá, sonriendo. –Los amamos– dije yo y tomé a mi hermana por la muñeca derecha. – los dejaremos. Mañana limpiamos todo, lo prometo, mamá. –Está bien, amor. No te preocupes– me dedico una pequeña sonrisa y caminamos fuera de la habitación. –Buenas noches, Laly– la bese en la mejilla y la vi caminar en dirección a su habitación, pero por alguna razón me quede atrás, sonriendo como un lunático y cuando me llego la voz de mi padre retrocedí unos pasos, saque un poco la cabeza para poder verlos. –Cariño –dijo, mamá se terminó el vino de la copa y lo mire. Por primera vez veía el rostro de mi padre tan serio, las arrugas alrededor de sus ojos se acentuaron todavía más. –¿Qué sucede? – No pude ver la expresión de su cara porque se volvió de espaldas. –Necesitamos hablar de algo importante. –No – le respondió ella – no te atrevas a decirlo. – no entendía a que se refería. –Aunque no quieras, tenemos que hacerlo. Oíste lo que dijo el doctor, el tiempo se acorta para nosotros. –Por favor, no – le suplico. –Amor – papá todo su rostro entre sus manos y le dio un corto beso, me sentí horrible en ese momento, porque aquello era una conversación muy privada que yo no debería de estar escuchando, pegue mi espalda a la pared y me deslice por ella. –promete que cuando ya no este no vas a quedarte sola. Que no vas a aferrarte a vivir con un recuerdo. No puedo soportar la idea de que estes sola. –aquellas palabras me destrozaron, nunca pensé que de eso era a que se refería. –No voy a prometerte algo así, jamás. Me enferma pensar en estar con alguien que no seas tú. Prefiero estar sola. Desde siempre he sabido que algún punto nuestra diferencia de edad iba a interferir en nuestra relación. –Pero... –Pero nada, en todo caso tendré a los niños, que son un reflejo tuyo, nacidos de nuestro amor y con eso me bastara. No voy a necesitar nada más. –Pero los niños se irán eventualmente. –No me importan, tendrán que aguantarme por el resto de mi vida. –Te amo y podría morirme ahora mismo y estaría agradecido con la vida, por ponerte en mi camino. Me puse en pie y me dirigí en silencio a mi habitación, con el corazón roto. Pensar en que papá no este me destrozaba por dentro, lo necesitaba allí, todavía era muy joven para perderlo. Por otra parte, agradecía que Laly no hubiera escuchado aquello, eso la mataría. 
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