Capítulo 9

2115 Palabras
Miraba fijamente la pizarra y a la profesora hablar sobre economía, se movía de un lado para otro, explicando nuestro trabajo final de semestre, solo unos pocos días y la escuela terminaría, eso tenía a todos mis amigos eufóricos, todos, cada uno de ellos, sabían lo que harían para septiembre o donde estarían, en cambio yo, no me imagina yendo a la universidad, seguía investigando algunas carreras que pudieran atraerme, pero nada lograba impresionarme. No lo he hablado con nadie, ni siquiera mis amigos, mucho menos mis padres, no quería sacar el tema porque bueno, mi papá tenía mil y un títulos sobre sus hombros, era un hombre maravillosamente inteligente y con una habilidad para los negocios como nadie que yo conociera, había creciendo siendo rico, en la adultez se volvió aún más rico… renuncio a todo eso y años después se volvió a convertir en rico, millonario tal vez, nunca he querido preguntar, me asustaba enterarme de cosas para las que no estaba preparado, y mamá, ella era genial en todo lo que hacía, aunque hace algunos años que dejo atrás la fotografía profesional, logro tener su propio estudio, montar una empresa con sus mejores amigas, que actualmente seguía en funcionamiento, aunque ella solo asesoraba ahora. Pero, luego de tenerme a mí y a Laly se las había ingeniado para construir todo eso, hacer una maestría en diseño 3D, un máster en animaciones, dar clases en universidades, ser mamá de tiempo completo, esposa, hija y amiga. No sé cómo le daba el tiempo para todo aquello, pues no puedo llegar a tener un recuerdo donde yo necesitara a mis padres y que ellos no estuvieran para mí o Laly, pasar tiempo con nosotros y trabajar. Toda la vida las cenas familiares eran más que importantes, todas las noches, estábamos los cuatro alrededor del comedor cenando juntos y hablando de nuestras vidas, desde hace un año la enfermedad de papá comenzaba a pasar factura y él se las arreglaba para estar presente… tanto como pudiera, nosotros estábamos ahí para él, haciéndolo sentirse cómodo y a gusto, en un ambiente familiar que él pudiera reconocer. Era lo que había dicho el doctor, trabar de no afectar nuestras rutinas en las que lo involucraban. Tuve que renunciar a nuestras charlas nocturnas, no era saludable que él se desvelara tanto tiempo. Necesitaba estar descansando y tranquilo. Inspire mientras fingía que le prestaba atención a la profesora. Extrañaba demasiado esas noches, al punto de dolor como si me estuvieran clavando un cuchillo en el pecho, pero lo que me consolaba era que él seguía aquí, aunque los médicos seguían diciendo que no comprendían como seguían tan bien de salud, tan presente y consiente. Cuando hacia tantos años que batallaba con esa enfermedad. Alguien me toco el hombro, mi cuerpo reconoció aquellos pequeños y delgados dedos, mi cuerpo se incendió, llevé mi mirada a la mano sobre mi hombro y reconocí la perfecta mano de Hilary, continue subiendo mi mirada, ella llevaba una amplia sonrisa en su rostro.  –Hey, ¿vas a quedarte aquí sentado mirando la nada? – ignore su pregunta, porque solo podía prestar atención a sus labios moviéndose y a su mano tocándome, mi mente se llenó de recuerdos, de nosotros hace apenas dos noches, en ese callejón, besándonos de esa manera, yo tocándola bajo su vestido. Oblique a mis piernas moverse, me puse de pie como pude. –Eh... estaba un poco ido– ella se veía tan normal, como si no hubiéramos estado a punto de hacerlo, eso era lo que más me desconcertaba, su falta de interés, como que no me pidió que estuviera con ella, que dejara atrás todo y que le diera la oportunidad a lo que sentíamos. –Bueno… estaba pensando– dijo, se quitó el cabello del hombro, espere ansioso a lo que podría salir de su boca– que tal vez pudieras pedirle a tu papá que nos ayudara a hacer el trabajo final de economía– la mire atónico, ¿Qué era lo que acaba de decir? Me imagine miles de cosas que pudieran salir de su boca, pero ¿eso? Ni en un millón de años. Creo que asentí, porque levando la comisura de sus labios, en forma de una sonrisa. –Eso es genial, si él nos ayuda de seguro que sacamos una A. –Sí, le preguntare desde que llegue a casa– termine de recoger mis cosas, ella espero paciente a mi lado. –¿Quieres ir a la cafetería? –Sí, por supuesto– volvió a sonreír. Salimos juntos del salón de clase, en completo silencio, me carcomía por dentro, por hablar con ella sobre nosotros y lo que estuvo a punto de pasar. Ella parecía como que nada paso el sábado y eso me frustraba. Las mujeres eran como un enigma para mí y por más que lo intentaba, no llegaba a comprenderlas. Hilary saludo a algunas personas en nuestro recorrido, era bastante popular, y muchos de los chicos estaban locos por ella, ¿Quién iba a ignorarla? Si era genial, con esa personalidad sencilla y amistosa que tenía, trataba a todos por igual y cuidada hasta una hormiga, la mayoría de los chicos la miraban de otra forma, y yo entendí eso, porque de seguro era la manera en la cual yo la miraba, y la razón de que su hermano fuera tan protector con ella. –Hey– salude a Hugo cuando nos encontramos en la fila para comprar de la cafetería, nos dejó ponernos a su lado en la fila. –¿Qué tal? – Hilary se puso a su lado, paso uno de sus brazos por el cuerpo de su hermano. –Genial– le respondió ella. Nos reunimos con nuestro grupo, iba a extrañar momentos como estos, cuando todos nos fuéramos a la universidad. No pensé, solo lo dejé salir. –Cuando nos vayamos a la universidad, vamos a prometer que una vez al mes nos reuniremos para tocar. – cuatro paredes de ojos miraron fijamente. –no sabemos dónde vamos a estar en unos meses y es horrible la sensación de no saber qué va a pasar en el futuro – cuando nadie dijo nada, me sentí como si me hubiera salido otra cabeza – ¿o solo yo lo siento así? – Hilary se movió hasta estar a mí lado y me paso su brazo por mis hombros. –Yo te prometo reunirnos una vez al mes – le sonreí, nos quedamos mirándonos por unos minutos. – Es bueno hablar de lo que vamos a hacer con la banda – dejé de mirarla y dirigí mi cabeza a Luis quien estaba a mi izquierda. –Sí, tampoco es que era para hacernos famosos – me encogí de hombros. –Este verano podemos seguir tocando y ensayando. –Tal vez podemos tocar en algunos bares – dijo Hugo. –Yo no me opongo a eso – Hablo Enmanuel. Al llegar a casa me sorprendió que el estudio de papá estuviera abierto, dejé la mochila a un lado de la puerta de mi habitación y fui directo allá. –Papá, es raro que la puer.. – me calle de repente, porque no era quien yo esperara. Una mujer estaba despaldas a la puerta, cerca del escritorio, con un montón de papeles en sus brazos, miro sobre su hombro. –Hola – le dije, ella se dio la vuelta y pude verle la cara bien, era la chica del sábado en la noche, de eso estaba seguro. Solo que ahora aparentaba unos años mayor. –Hola – me sonrío, levantando sus cejas. –¿Te conozco? – se quedó mirándome tan detenidamente. –Sí, el sábado en la noche nos vimos – respondí, caminé dentro del estudio, deteniéndome a unos pocos pasos de ella, hoy iba menos maquillada que la otra noche y su ropa bastante formal. –¡Ah, ya! el chico de las estrellas – dejo los papeles sobre el escritorio. –Mi nombre es Arturo – le tendí mi mano, ella la acepto, seguía sonriendo. –Yo soy Isabel. –Un gusto, Isabel – nuestras manos estuvieron más tiempo de la cuenta unidas. –Igualmente. – me guiño un ojo, y eso fue tan raro, pero al mismo tiempo sexy. –¿Por qué estás en el estudio de mi papá? – le pregunte lo más amable posible, seguía sosteniendo mi mano. –Soy algo así... como la asistente personal de tus padres. –Mi padre ya tiene una asistente. –Lo sé, yo vendría haciendo la intermediaria, tus padres necesitaban a alguien que vaya y venga. Ya que tu padre no puede ir a la oficina, necesita a alguien que le traiga los papeles que necesita firmar y le haga los recados que tu madre no puede hacer. Ahí entro yo – asentí, ella acaricio la palma de mi mano con la punta de sus dedos – tienes la mano muy suave, a la de cosas que haces con ella – no sé porque, pero se me calentó toda la cara, eso sonaba con doble sentido, siguió recorriendo las líneas de mi palma. El cuerpo se me puso tenso. –Isabel – retire mi mano de inmediato de entre la suya y mire sobre mi hombro, mamá estaba de pie en la puerta del estudio, frunció el ceño en cuanto me vio– Rey, ¿hace rato que llegaste? – negando con la cabeza me acerque a ella y la bese en la mejilla. –No, solo unos minutos, venía en busca de papá, pero no está aquí. –ella me devolvió el beso a lo que me pasaba las manos en el rostro, me sonrío como siempre lo hacía, una mezcla de cariño y admiración. –Está leyendo el periódico en el pateo. ¿Ya conociste a Isabel? –Sí, nos estábamos presentando– metí mis manos en los bolsillos delanteros de mis pantalones y me encogí de hombros. –Qué bueno, ella estará aquí bastante tiempo– Isabel hizo un sonido con su boca. –Las dejo– les dije y me fui de allí, antes de salir del estudio miré sobre mi hombro, mamá se había movido y ahora estaban hojeando unos documentos sobre el escritorio. Isabel levanto la mirada y me dedico una sonrisa de lado. Fui al pateo y me pare un momento antes de acercarme, estaba tan serio mirando el periódico, se llevó una taza a la boca, miro en mi dirección, frunció el ceño por un momento y luego lo suavizo. –¿Hijo, sucede algo? – corté el espacio y me senté en la silla a su lado. –¿Cómo estás? – le pregunte, cerro el periódico y dejo la taza sobre la mesa. –Bien, ¿y tú? ¿Qué tal la escuela? –Todo genial, ya solo nos queda menos de un mes antes de la graduación. –¿Cómo te sientes por terminar la escuela? –No sé, estoy asustado por el cambio. No quiero dejar a mis amigos. –Es comprensible, los cambios siempre son difíciles, hijo. – recosté mi cabeza en el repaso de la silla. –No quiero que se acabe la escuela. –¿No quieres ir a la universidad? –No, ¿es malo eso? –Para nada, la universidad no es para todos. Si no quieres ir, está bien, tomate tu tiempo para pensar que quieres hacer. –¿Estás seguro? – lo mire fijamente. –Claro que sí, nadie te va a obligar a hacer nada que no quieras. No sé cómo puedes siquiera preguntarlo. –Gracias, papá. –Por nada, hijo. ¿Qué estas leyendo? – fruncí el ceño por el cambio de tema. –El cuento de la criada. –Excelente libro, lo leí hace mucho tiempo. –Cuando lo termine hablamos de él. –Eso suena bien. –Oye, papá. –¿Sí? – me miró fijamente. –Tengo que hacer un trabajo en el colegio, ¿podrías ayudarme? –Por supuesto. –Gracias, ¿quieres más café? –Sí, por favor. –tome la taza antes de ponerme de pie, levante la mirada cuando unos neumáticos hicieron sonido sobre la gravilla de la entrada, un auto muy lujoso marca Lexus se detuvo al lado del auto de mi madre y unos segundos después un señor como de la edad de mi padre salió del coche. Camino en nuestra dirección, papá se puso de pie con una expresión inexplicable en su rostro, a unos pocos pasos de nosotros el hombre se detuvo, se quitó las gafas de sol. –Hola, amigo– dijo, pero no era a mí quien le hablaba. 
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