Capítulo 8

2515 Palabras
Parte 2: El dolor, la madurez y los errores  2 años después Cuando se cumplen los 18 la gente espera un montón de cosas de ti, que termines la escuela, que vayas a la universidad, que seas adulto o al menos que te comportes como uno. Lo único que había cambiado en mi era mi aspecto, agradecía enormemente que fue para mejor, había creído algunas pulgadas, mis hombros eran más anchos y tenía mayor masa muscular gracias al futbol y los entrenamientos, mi cabello se convirtió en una mata de risos alocados por lo que tuve que recortarlo bastante bajo por los lados y más largo arriba, mi cara seguía pareciendo a papá de joven, excepto el color de piel y los ojos marrones claros, que cada vez eran más claros, en secreto siempre me alegre que eso que me faltaba de papá lo había sacado de mi madre, quien era una mujer tan hermosa. Me sonreí a mí mismo en el espejo, mientras me arreglaba los botones de mi camisa negra. Iba a ir por primera vez a una discoteca, pues mis mejores amigos Hugo y Hilary cumplían 18 años, éramos adultos ahora. Ya podríamos entrar a este tipo de lugar, así que ellos se les hizo genial celebrar su cumpleaños en una. –¿Rey? – mire por encima de mi hombro en dirección a mi computadora. Remy había llegado. Me abroche los pantalones antes de aparecer frente a la cámara. –Hola– sonreí como bobo, pero algo capto mi atención, bajo sus ojos unas enormes ojeras oscuras le daban un aspecto cansado, aparte de que hoy estaba pálida como un papel– ¿Estas bien? – tomé la silla del escritorio y me senté, sin apartar los ojos de ella. Asintió con la cabeza, luego la dejo descansar sobre su palma derecha. –¿estas segura? Pareces como si fueras a desmayarte. –Sí, es solo que hoy ha sido duro… en clases de modelaje me han pedido que tenga que rebajar unas libras y mamá me ha puesto una dieta estricta esta semana. –¿Qué? – le grite– Remy, tú eres perfecta, así como estas… no tienes por qué estar matándote de hambre por esas cosas. Odio que te hagas esto a ti misma. –No me estoy haciendo nada– se quejó. Cerré los ojos un momento y conté hasta 10 antes de volver a hablar, lo que menos quería era gritarle. –Claro que sí… por Dios, si casi estas desapareciendo, deberías de dejar eso. –No puedo dejarlo, mamá se molestaría. –¿Pero tú quieres seguir así? ¿Cuánto llevas perdiendo peso desde que te fuiste? –No lo sé… son solo libras. –No son solo libras, te ves como si fueras a desaparecer en cualquier momento. Estoy muy preocupado por ti. –No lo estes– nos miramos fijamente por unos momentos. –¿Cuándo vas a volver? – se me atoro la respiración. –No lo sé, todavía me quedan dos años de escuela. –Dos años más, es mucho tiempo. –ella bajo la mirada y pude ver una lágrima deslizarse por su mejilla. –¿Por qué lloras? –susurre. –No estoy llorando, solo te extraño mucho. –Yo también te extraño mucho. Me gustaría que volvieras– le estaba cumpliendo la promesa que le hice, la estaba esperando, pero cada vez era peor, el deseo y la atracción que sentía por Hilary me estaba consumiendo, nos habíamos besado unas cuantas veces en los últimos años, pero fui claro con ella, iba a esperar a Remy y no quería hacerla sufrir, había intentado mantenerme alejado de ella, intentado era la palabra clave. Porque ella había cambiado tanto como yo, su cuerpo… era toda una mujer ahora y mis ojos no eran ajenos a esos cambios. –Ya lo hemos hablado, Ar. No sé si pueda ir antes del tiempo establecido… –¿Pero has intentado hablar con tu padre? Tal vez él pueda hacer algo y traerte de vuelta. –No, ese fue el arreglo que mis padres hicieron. –Si él te viera como estas… como te estás haciendo daño te traería de vuelta. –No me estoy haciendo ningún daño. Ya te lo dije– grito y creo que era la primera vez que me gritaba, me miro esta vez, abrí la boca para decir algo, ella continúo hablando– será mejor que me vaya ya. –Remy, yo no quie… –Adiós, Rey– entonces, colgó, me quede mirando la pantalla en n***o. Estaba tan preocupado por ella, ¿pero que podía hacer yo? Si ella no quiera escuchar. Cerré la PC al tiempo que la cabeza de mi hermana se asomaba por la puerta. –Han venido por ti– dijo. –Gracias por avisarme– ella también había cambiado, era más alta y esbelta, con esos ojos grises que le daban un toque angelical. –¿En serio no puedo ir? –Te faltan unos años todavía– me puse en pie, volviéndome a mirar en el espejo, sí al parecer uno se vuelve codicioso y banal cuando crece, agarre uno de mis perfumes y me puse en el cuello. –Ah, ya casi cumplo 15, pues no soy tan pequeña– deje el perfume donde iba y me toque los bolsillos, llevaba todo lo que necesitaba. Pasé por su lado y le di un beso en su frente. –Para mí siempre serás mi niña– pase mi brazo por sus hombros y la arrastre fuera de mi habitación. –No, para nada soy una niña. –Bueno… – le hice cosquillas en la cintura, ella se retorció tratando de no reírse. –Para, para– la deje ir cuando llegue a la sala, mamá estaba sentada mirando la televisión y papá se había dormido sobre su hombro. –Ya me voy– le dije, ella asintió sonriendo. –Tu primera vez en una discoteca– respondió suspirando. –Por favor, mamá– me quejé, sentí como me ponía rojo de vergüenza. –No pases de las 2 o iré por ti– asentí. –Estaré aquí a esa hora, tomare un taxi de regreso si es necesario– quería que me prestara su coche, no lo hizo, argumento que lo peor era ir en coche a una discoteca, pues no podrás tomar porque tienes que manejar, tampoco era que pensaba que iba a tomar como para no manejar, pero no le dije nada, no fuera hacer cosa que no me dejara ir. Me despedí de mi familia y salí a encontrarme con mis amigos. Luis iba manejando su coche, pues de todos era el único que tenía uno y el único que no era fan del alcohol. Estábamos a salvo con él detrás del volante. …... Unas horas después de haber llegado, estaba un tanto ebrio y malhumorado, la razón de mi estado: Hilary llevaba un diminuto vestido color n***o, con partes transparentes, dejaba al descubierto la piel de su espalda y abdomen, ajustado en su delgada y curvilínea figura, se veía tan delicada con ese vestido y esos tacones rojos, su cabello liso sobre sus hombros le llegaba hasta mitad de la espalda, se había dejado el flequillo, ocultándole una parte de su cara, sus labios estaban pintados de un rojo carmesí. Nada de eso me molestaba, todo lo contrario, lo que me tenía hostil era el chico que la agarra por las caderas y le besaba el cuello en medio de la pista de baile. Quería ir allí y quitarle su mano de su trasero y golpearlo. Yo no era para nada violento, pero esa noche no llegaba a reconocer las cosas que pasaban por mi cabeza. Le di un trago largo a mi cerveza, hace tiempo que perdí la cuenta de cuantas me había tomado, pero el malestar en mi pecho era mayor. Me levante del sofá y fui a fuera por algo de aire, me quede de pie mirando el cielo estrellado. Estábamos a finales de mayo, así que era una noche calurosa y me arrepentí de llevar una camisa manga larga. Mis ojos captaron movimiento a mi lado izquierdo, baje la cabeza y me quede asombrado por el perfil de la chica que estaba allí. –Hola– su voz era suave. –Hola– le respondí, ella levanto la comisura de su labio pintado de rosa pastel y me miro. Era hermosa y decir eso era quedarse corto, su cabello ondulado le llegaba sobre los hombros, dejando al descubierto bastante piel, lleva un diminuto top n***o y una minifalda también negra de cuerpo, con unas botas militares. –¿Son hermosas las estrellas? A que sí– asentí, porque no me funcionaba la lengua. Me sonrío, mostrando su perfecta dentadura, sus ojos eran azules o eso se apreciaba en la oscuridad de la noche, su nariz perfilada y sus labios delgados, sus ojos estaban ligeramente maquillados. Saco una caja de cigarrillo de su pequeña cartera, me ofreció uno, pero negué con la cabeza. Se encogió de hombros y la observe como si fuera mi presa, captando todos sus movimientos, se llevó el cigarro a la boca y lo incendio con un pequeño encendedor color rosa fucsia. Dio la primera calada, cerrando los ojos. Yo solo pude quedarme mirándola fijamente, viendo como dejaba salir el humo despacio. –¿No fumas? –No– dije cuando mi lengua al fin pude moverse. –Bien por ti. –iba a decir alguien, pero alguien me llamo. Mire sobre mi hombro, Hilary estaba parada a unos pocos pasos de la puerta, con sus manos en sus caderas. –¿Es tu novia? –No, es mi amiga. –volví a mirar a la chica a mi lado. –¿Seguro? Porque me está mirando como si quiera arrancarme la cabeza en este momento. – me reí a carcajadas. –Rey– volvió a llamarme, encogiéndome de hombros me despedí de la chica y fui a reencontrarme con Hilary. –¿Sí? – pregunté cuando estuve frente a ella. –¿Quién es? –No lo sé– ella me miro toda la cara. –Parecía como si ustedes se conocieran. –Es la primera vez que la veo. – me agarro por la muñeca derecha y me llevo a un callejón. –¿Qué haces? – mire a todas partes, no había nadie, estaba a oscuras, con nuestros cuerpos pegado, el sudor me bajaba por la espalda en gruesas gotas. –Parece que le pones atención a todas menos a mí. – fruncí el ceño. –¿De qué hablas? No hay ninguna otra chica que tenga mi atención más que tú. –No es lo que parece– nos miramos, estaba furioso otra vez, porque no podía dejar de mirar sus labios y saber que no era lo suficientemente valiente para cortar la distancia entre nosotros y besarla, como mi cuerpo me lo pedía. –¿No vas a besarme? – trague el nudo de mi garganta– ¿es que no te gusto? –Como puedes preguntarme eso, tú de todas las personas. Sabes muy bien que me gustas. –Entonces, ¿Por qué no haces nada para que estemos juntos? –Porque tú estás con otro tipo. –Sabes que eso es solo porque no quieres estar conmigo. –Ya hablamos de esto… yo– ella puso sus manos sobre mi pecho, me congele. –Bésame– me pidió, estaba frisado mirando sus labios moverse al hablar. Ella junto sus labios con los míos, un torrente de energía me sacudió el cuerpo, había fantasiado con sus labios muchísimas veces, mientras intentaba dormir o en la ducha. Volver a besarla era cumplir todas esas fantasías, sus manos viajaron por mi estómago, mientras nuestros labios se unían en una guerra de deseo y tentación, mi cuerpo reacción a sus manos, me puse duro en ciertas partes y la sostuve por la cintura, pegándola a mí, ella gimió entre mis labios a la cercanía de nuestros cuerpos, mis manos cobraron vida propia, tocándola en todas partes y no se inmuto cuando tire de su vestido y mis manos estuvieron tocando la piel de sus muslos, sobre su trasero y deje escapar un sonido desde el fondo de mi garganta al tocar la tela de su ropa interior. Dios mío, era la primera vez que le tocaba así o a cualquier chica, mi cerebro se desconectó de mi cuerpo, deje sus labios y la bese en la mejilla, bajando por su cuello, echo la cabeza atrás y volvió a gemir cuando mis dedos tiraron de sus bragas, quiera todo, quería hacerle tantas cosas, cosas que había imaginado haciéndole, pero en un momento de pura cordura la deje ir, respirando frenéticamente, mi mirada se nublo por un segundo, con el pecho subiéndome y bajándome a toda velocidad la mire, sus mejillas estaban sonrojadas y sus labios hinchados. –Lo siento– apenas pude reconocer mi voz– lo siento… no debí hacer eso– ella me miró fijamente. –Diablos, Arturo. No tienes que disculparte por eso, ¿o es que no te ha gustado? –Claro que me ha gustado. – apoye mi espalda contra la pared. –Pues no te disculpes. –Pero yo no soy así. –Deja de intentar ser buen chico todo el tiempo, a veces debes de dejar toda esa mierda melancólica tuya y simplemente actuar– la mire con los ojos bien abiertos. La agarre por los brazos y la tire suavemente sobre mí. –Es que nunca había perdido el control así y me siento horrible por eso. – me toco las mejillas con sus dedos, baje la cabeza, seguía duro entre las piernas y tenerla tan cerca no ayudaba, pero ahora mismo eso no me importaba, porque no quería dejarla ir. –Me alegro de que hayas perdido el control conmigo– movió sus caderas contra las mías, el aire se escapó de mis pulmones. –No vuelvas a hacer eso– susurre, se mordió el labio. –¿Todavía sigues esperando a tu chica? – pestañé sorprendido por el cambio de tema, asentí con la cabeza. –es una lástima, porque nosotros hiciéramos tantas cosas juntos– volví asentir con la cabeza, mi cuerpo me decía que siguiera, que se dejara ir, pero mi cabeza batallaba con ser bueno y no hacer esto en este lugar. –Sera mejor que entremos, antes que alguien nos vea aquí. –la sostuve más cerca de mí, mis manos se apoderaron de su cintura. –Bueno, para eso tendrías que soltarme. –Anja– fue lo único que pude decir, antes de que nuestras bocas entraran en una batalla, el solo roce de su piel contra la mía me desquiciaba. Esa noche no iba a poder dormir, no sin antes arreglar la situación que se acumulaba en mí. Nuestras lenguas hicieron un perfecto baile, ella me sostuvo la cabeza, agarrando mi cabello en un puño y yo quise que estuviéramos en otro lugar.            
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