Respirando lentamente, deje salir un suspiro. Isabel se movió en la cama, su trasero contra mi erección matutina. Se hizo costumbre que yo me quedara a dormir en su cama. Había pasado unas semanas y me encontraba abrumado por todo, era mucha cosa que procesar, en la fundación, en la universidad, esta relación que seguíamos sin ponerle nombre. Ella hacía que las cosas fueran un poco más fáciles para mí. Me mordí el labio, lo estaba haciendo a propósito. Le aparte el cabello del hombro y le deje algunos besos. –No es justo– susurre contra su piel, mi mano se movió por su vientre, por su estómago, hasta cerrarse contra uno de sus senos. –Nada en la vida es justo, Arturo– bromeo, le toque los pezones hasta que se endurecieron bajo la yema de mis dedos, en este poco tiempo, nos habíamos des

