No podía mover la mitad de mi cuerpo, los ojos me pesaban, todo aquel dolor, no tenía que intentarlo para recordar todo ese dolor, gemí al querer moverme, abrí los ojos. Permanecí mirando fijamente el techo blanco, necesitaba las respuestas a mis preguntas, pero mirando a la nada no las iba a conseguir. Me dolía al intentar respirar, seguía aquí el dolor, el sufrimiento, la pena habitaban en mi corazón. Claro que seguían ahí, papá no había vuelto. Ahora era peor, porque podía recordar la cosa horrible que le hice a Hilary y lo mal que ella debe de estar, jamás me perdonaría por eso. Necesitaba hacer algo para remediar ese sufrimiento que cause, pero cómo. La puerta de la habitación se abrió, gire mi cabeza en esa dirección. –Cariño, te has despertado– mamá se veía fatal, tenía los ojos h

