Así empecé, unos tragos cada noche, yo podía controlarlo, me decía todas siempre, repitiéndolo varias veces. Yo podía hacerlo. Para que mamá no se fuera a dar cuenta cambiaba las botellas vacías por las de reservas del almacén, solo papá o mamá tenían permitido entrar en el pequeño cuarto donde guardaban el alcohol. A finales de septiembre no sabía cuándo estaba borracho o sobrio. Era igual para mí el estado, intentaba ocultar el olor a alcohol tomando duchas o con café. Para el cumpleaños de mamá le hicimos una pequeña cena, nos sentamos a comer en el comedor, la abuela hizo su pastel preferido, ella lo intento, pretendía estar presente, comió, medio sonrío una parte de la velada, en el momento que no resistió más se despidió y se fue a la cama. Laly y yo permanecimos más tiempo con los a

