Capítulo 5

2559 Palabras
Llegamos a casa de mi tío alrededor de las 7 de la noche, para nuestra suerte estaba en la ciudad y así no tuvimos que quedarnos en un hotel. –Hermano mío– dijo el mejor de los hermanos. Se dieron un fuerte y ruidoso abrazo. Hace ya casi dos años que no lo veíamos, pues siempre estaba de viaje. Y en muchas ocasiones, se iba por años. –Sobrino–toco mi abrazo, el tío Abraham era de las mejores personas que conocía, siempre estaba alegre y nos trataba como si fuéramos sus hijos–Karen está en su habitación– me dijo mientras me soltaba, sonreí hacía mucho tiempo que no veía a mi prima. Entramos a la casa y dejé mi mochila a un lado, subí las escaleras de dos en dos y entre sin tocar a la habitación. –Oye–grito, pero cuando me vio se le ilumino la cara. Estaba frente a su tocador, maquillándose los ojos. –Rey– se puso en pie y ambos nos dimos un fuerte abrazo. –Estas preciosa–Karen era casi 6 años mayor que yo, siempre la había visto como hermana mayor, pues cuando era niño pasaba mucho tiempo con nosotros, ahora solo se dedicaba a viajar con su padre y mientras hacía esto, realizaba voluntariados. –Gracias, tú no te quedas atrás. Ya has crecido, estas más alto que yo y eso no se debe. –Lo siento, practico futbol y hago mucho estiramiento, no iba a quedarme enano para siempre. –AHH– se volvió a sentar frente a su tocador y yo me deje caer en su cama. –¿Y qué harás esta noche? –llevaba puesto un vestido ceñido que apenas le cubría. –Voy a salir con mis amigas y mi madre a una discoteca, te invitara, pero sigues siendo menor. No te dejarían pasar por la puerta. –¡Eh! que solo me faltan tres años. –Estoy esperando ese momento con ansias. –iba a decir algo, pero papá entro a la habitación. –Ti Ale–grito como loca, volviendo a ponerse en pie y corrió a los brazos de papá– te he extrado como loca, apenas llegamos hace dos días y ya estaba haciendo planes para irte a ver– lo beso, por toda la cara, dejándole resto de pintalabios. Me reí. Cuando se alejó trato de limpiarle el rostro con los dedos. –Está bien– dijo papá– ¿vas a salir? – ella asintió– ¿vestida así? –Sí, hacia mucho que no usaba nada de mi ropa, en los últimos dos años solo he estado utilizando ropa deportiva. –Es muy corto– Karen se miró. –Para nada, tengo más cortos. –Hare como que no dijiste eso– le dedico una sonrisa enorme. –Tienes pintalabios por todas partes. –fue hasta su tocador y le paso una toalla húmeda, papá la tomo y se la paso por la cara. –¿Mejor? –Sí. –¿Y tu madre como esta? – papá se sentó a mi lado en la cama. –Está bien, con ella es que voy a salir. Tiene un nuevo novio–rodo los ojos. –¿No te cae bien? –Sí, pero siempre he soñado con que mis padres vuelvan a estar juntos–dijo esta última parte en susurro. Papá dejo salir una carcajada. –Sigue soñando– le dijo y ella le hizo un puchero. –Aquí entre nos, papá sigue enamorado de ella, aunque nunca lo vaya a admitir– sonrío. –Eso siempre lo he sabido– antes tenía muchos celos de su relación, con el tiempo tuve que acostumbrarme a ella, porque verlos juntos era agradable. Karen siempre había sido como una hija para él y yo debía de aceptar eso.   …... Al día siguiente fuimos a desayunar junto al tío Abraham y Karen, a unos de los restaurantes de la familia, para después separarnos con el fin de encontrarnos en la noche. Papá no me dejo conducir en la ciudad y aunque me hubiera gustado hacerlo, también me aterraba. Conducir en el campo donde vivíamos era una cosa o la autopista, pero en la ciudad era casi una jungla. Papá se conocía las calles como la palma de su mano, tomaba desvíos cuando el tráfico se ponía pesado. –¿En qué piensas, hijo? –seguí mirando por la ventanilla mientras le respondía. –Lo bien que conduces y como te conoces estas calles. –Bueno… estoy manejando por ellas desde que tenía tu edad y Abraham me convenció para que tomáramos el auto de mi padre prestado. –gire la cabeza en su dirección, al tiempo que una sonrisa se dibujaba en mi rostro, él miraba fijamente la calle. –¿En serio? –curiose, me encantaba cuando me contaba cosas de su pasada, de esta formaba me hacía sentir que la enfermedad no estaba ganando porque recordaba cosas, y eso era bueno. Más que bueno, era excelente. –Sí, por supuesto que lo choqué y estuve castigado por meses, tuve que trabajar con mi padre por meses sin él darme un centavo, me toco pagar las restauraciones. –¿Y que le hicieron al tío? –Nada, yo era el mayor y él solo un niño, toda la responsabilidad caía sobre mí. –No es justo– me cruce de brazos, tratando de parecer ofendido. –Claro que no, pero mi deber como hermano mayor era hacerme responsable… –Pero… –Pero nada, es lo mismo que hacías tú de pequeño cuando Laly se me tenía en algún problema. –Sí, pero…– me quede callado porque en teoría era verdad, estuve muchos castigos por mi hermana menor, aunque ninguno de ellos me importo, con tal de que ella fuera feliz. –oye, papá…–me calle de repente, pues lo que le iba a pedir significaba mucho para mí y también podía quedar en evidencia. –¿Sí? – me arme de valor, era papá, a él no le iba a importar. –Puedes llevarme a ver a Remy– lo mire de reojo, se quedó en silencio unos minutos, pero luego asintió. –Tengo que hacer algunas cosas y luego te puedo llevar. –Gracias, papá. –No hay de que. –no tuvimos mucho tiempo de que hablar después de eso, nos detuvimos en un edificio de oficinas, dentro una chica en sus 20s nos recibió muy educada y los acompaño hasta el 6to piso, reconocí el nombre en la placa de la puerta del despacho, íbamos a ver a su abogado, había visto al hombre un montón de veces a lo largo de mi vida, aunque nunca visite su oficina. Los hombres se saludaron como dos viejos amigos, para luego tenderme la mano. Salude de forma tan educada, como mamá siempre me había enseñado. Ellos entraron a la oficina y yo decidí quedarme en la sala de espera. Saque mi celular de mi bolsillo y le envíe un mensaje de texto a Remy, ella no tenía ni idea de que estaba en la ciudad, quería que fuera una sorpresa cuando me viera en la puerta de su casa. Ø  Hey, ¿Cómo estás? –escribí en el aparato, le di a enviar antes de arrepentirme, en las últimas semanas no hablamos para nada, por ninguna razón, solo paso, deducía que ambos estábamos ocupados con las clases. Su respuesta llego de inmediato. Ø  ¡Rey! Estoy bien, extrañando nuestras conversaciones. ¿Tú como has estado? – sonreí como un bobo, estaba completamente loco por ella, aunque sabía que no era correcto que pasara algo entre nosotros, no hasta que pasara cinco años y ella tuviera una edad prudente. No me importaba esperar por ella, lo haría sin dudarlo. Ø  Yo también te he extraño mucho, muero por verte. ¿Vendrás a mi fiesta? –comencé a mover mi pie derecho, estaba ansioso por su respuesta. Ø  Sí, mamá Clara me ha dado permiso, Avril y yo iremos–volví a sonreírle al celular en mi mano, llevaba más de un año sin verla, se sentía como si fuera una eternidad. Ø  Ese será mi mejor regalo de cumpleaños–cuando le di a enviar la puerta de la oficina se abrió y los dos hombres salieron hablando y riéndose. –Alejandro, debemos vernos más a menudo– me puse de pie, quería irme y para poder ver a Remy. –Sí, hombre. Arreglare todo para que vayas a quedarte un fin de semana en el hotel con tu familia, solo dime que fin de semana estarán disponibles. –Por supuesto, te avisare. Nos vemos Arturo– lo volví a saludar de mano. –Igualmente, señor Max. –papá me puso su brazo derecho sobre mis hombros y en el otro llevaba un sobre naranja. –Nos vemos– nos dirigimos al ascensor. –¿Cómo te ha ido? – le pregunto para matar el silencio. –Genial, ¿quieres ir a ver a Remy ahora? –se me escapo una sonrisa. –Sí– dije más energético de lo que creía. Él me miró fijamente por unos minutos, hasta que el ascensor de detuvo en el primer piso, salí casi corriendo de allí. –Rey, no será que una de esas chicas de las que estas enamorado es Remy… –aquello no sonó como una pregunta, me puse el cinturón de seguridad a lo que él encendía el coche. Trague. –Puede ser– susurre, pensaba que no me había escuchado porque no dijo nada por un rato. –Ella aun es muy joven– hablo, me encogí en el asiento. –Lo sé, lo sé y lo entiendo, sé que tenemos que esperar por lo menos unos cinco años, pero yo esperare el tiempo que sea suficiente, ahora solo disfruto de estar con ella y de que hablemos. –era la primera vez que confesaba aquello, se sentía como si me quitara un peso de los hombros. Haberlo dicho en voz alta y que fuera a papá me ayudó mucho más. –¿Hace cuanto sientes eso? –evite mirarlo, fije mi mirada en los edificios y en las personas que iban por las calles. –Creo que siempre he sentido algo diferente por ella, desde hace un tiempo que la miro diferente y que disfrutaba más pasar tiempo con ella de lo que con Avril o Laly, o cualquier otra chica. –Pensaba que te gustaba tu amiga… Hilary–dejé salir un gruñido de frustración–¿Qué sucede? – doble a la derecha y pude reconocer el camino en dirección a la casa de Remy. –Es que sí me gusta y mucho, pero siento cosas diferentes cuando estoy con ella. –Uff, hijo. Sería bueno que trataras de aclarar tus pensamientos antes de que alguien salga herido, son demasiado jóvenes para estar sufriendo por amor. –Ya lo sé, pero cuando Hilary está ahí… a mi lado en clases, cuando va a apoyarnos a los partidos o nos quedamos para hacer tarea, cuando cantamos juntos o vemos alguna película juntos se siente muy bien, siento muchas cosas bonitas por ella. Por otra parte, es la hermana de mi mejor amigo y sé que él no quiere que ningún chico este cerca de ella. –¿Cómo sabes eso? Él debería de estar alegre de que sientas todo eso por su hermana. –Lo sé, porque es lo mismo que yo siento con Laly. –papá se rio a carcajadas. –Rey, lo peor que puedes hacer es tratar de decirle a tu hermana con quien ella puede o no salir… ella es diferente. –¿De qué hablas? – lo mire, pero no me dio repuesta. Se estaciono en el parqueo de visitantes del edificio donde vivía la tía Clara. Respire varias veces antes de desmontarme, el corazón me martillaba demasiado rápido en el pecho, las manos comenzaron a sudarme. Caminamos en silencio hasta estar frente a la puerta de su departamento. No me atreví a tocar la puerta, por lo que le toco hacerlo a mi padre, unos pocos minutos después alguien abrió la puerta y pude sentir como el corazón me brincaba en el pecho. Era la tía Clara. –Vaya, que sorpresa ni menos esperada– dijo, mientras nos saludaba, le sonreí tímidamente. –¿Cómo estas, Clara? – le pregunto papá cuando entramos a su casa. –Muy bien, me alegro de verlos. Adelante– cerró la puerta tras nosotros. –¿Y a que debo esta maravillosa sorpresa? –me miro a mi primero y luego a papá. A mí al parecer me habían comido la lengua. –Arturo quería pasar a saludar– sentí como el cuerpo se me calentaba. ¡Oh, papá gracias por ser tan obvio! Ella sonrío de oreja a oreja. –Remy está en su recamara, puedes pasar– me dijo, mirándome con aquella sonrisa. –Gracias, tía– por fin llegue a hablar, me encamine en esa dirección, doble en el pasillo, me detuve frente a la puerta de su recamara, con la boca seca. Tome aire varias veces, antes de decidirme por tocar. Ella abrió muy rápido y yo no estaba preparado para aquello, aquel año sin vernos había cambiado demasiado, su rostro se veía más angelical, con esos pómulos altos y sus mejillas cubiertas por pechas, estaba más alta, casi de mi tamaño, su cuerpo había adquirido curvas que antes no tenía, el vestido blanco que llegaba le hacía contraste con su piel pálida y esa melena roja le cubría los hombros y el pecho. –Rey–grito y se balanceo a mis brazos, sonreí mientras la envolvía en su fuerte abrazo, la tuve en mis brazos todo el tiempo que fue posible. Aquello era el cielo. –¿Qué haces aquí? ¿Por qué no me dijiste nada? –Deseaba que fuera sorpresa, he venido a la ciudad con papá y le pedí que me trajera a verte. –seguíamos abrazamos, su olor a colonia frutal de coco y vainilla. De las cosas que más me gustaban de las chicas era lo bien que olían. Podría pasar horas con ella en mis brazos y no me cansaría. Respire hondo sobre su hombro y me embriague de ella. Le acaricie el cabello, luego me aleje solo un poco y la bese en la mejilla–Estas preciosa–le susurre cerca del oído. Ella también me beso en la mejilla. –Tú no te quedas atrás, estas tan alto y tu cabello tan largo. Me encanta. –le sonreí, nos alejamos para mirarnos a los ojos, esos ojos cafés claros eran tan maravillosos. –Amo que estes aquí. –Yo igual, aunque no pueda quedarme mucho tiempo, aun así, sé que te vere el fin de semana y ya estoy contando los días para que llegue mi cumpleaños. –Yo los cuento desde que me dieron permiso de ir. –volvimos a abrazarnos, porque estar en brazos del otro era como tocar las nubes con tus dedos. Me enrolle hebras de su cabello en mis dedos. –Te quiero–le susurre, jamás se lo había dicho antes y aquel me pareció el mejor momento para decir esas dos palabras. 
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