Capítulo 6

3545 Palabras
–Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti– me cubrí con la manta de pies a cabeza al despertar y ver a mi familia en mi habitación, papá llevaba un pastel en las manos con velas en formas de números. –No, no por favor– gimotee –esto es vergonzoso. –Para nada– hablo mamá, sentí un peso a mi lado de la cama y unas manos queriendo quitarme la sabana de la cabeza. Me aferre a ella. –Vamos, cariño. Pide un deseo, cumples 16– sonreí para mí. –Antes estaba bien que hicieran eso, pero ya es vergonzoso. –Si no quieres tu pastel, me lo comeré yo–una persona se tiro sobre mí en la cama, pude imaginar quien era, saqué las manos de debajo de las sábanas y la agarre por la cintura y le hice cosquillas, mi hermana menor comenzó a reír a carcajadas como loca. –Para… para por favor. –No que querías comerte mi pastel. –Niños, por favor– al fin la solté y salí de mi escondite, sonreí tímidamente mientras me sentaba en la cama. –Feliz cumpleaños– mamá me abrazo primero, un abrazo de mamá osa que me dejo sin aire. –Mamá… no puedo respirar–gemí, pero no me soltó. –Cariño–dijo papá con voz alegre. –Mi niño ya está muy grande. –Sigo siendo tu bebe–le susurre, mientras ella seguía escondiendo su cara entre mi hombro. –Mamá, yo siempre seré niña, nunca creceré– todos nos reímos del comentario de mi hermana, le di un beso en la mejilla y luego me soltó, papá puso el pequeño pastel sobre mi regazo. –Pide un deseo–dijo, lo miré y sonreí. Sabía cuál era mi deseo, lo había meditado por mucho tiempo, lo único que quería era que mi familia siguiera completa. Sople la vela y luego Laly paso el dedo por el suspiro y me lo paso por la cara. –Oye– me queje mientras trataba de limpiarme. Mamá tomo el pastel, pero antes imité a mi hermana y le hice lo mismo. –Mamá– se quejó, le sonreí ampliamente. –Tú comenzaste. –la tome en brazos y la abrace con fuerza. –Te amo– le susurre. –Me dejas sin aire– ella era tan delgada, que con facilidad podía hacerlo. –Papá, auxilio– hice un sonido con su boca, como si no tuviera aire. Levanto los brazos y papá se la llevo. Me puse en pie para poder recibir las felicitaciones como se debía. Dejando a Laly sobre sus pies, papá fue el primero en darme un brazo, nos aguantamos más tiempo de cuenta. –Muchas felicidades, hijo. No sabes lo orgulloso que estoy de ti y de que seas mi hijo– no tenía ni idea de porque me decía aquello, yo no me sentía nada especial y no había hecho nada para que se sintiera orgulloso. –Gracias, te amo– le dije, porque no era momento de discutir. –También te amo, espero que tengas un excelente día. –Me toca a mí otra vez– fui engullido por los brazos de mi madre nuevamente, quien me beso repetidas veces por toda la cara. Laly fue la siguiente. –Feliz cumpleaños, hermano mayor. Te amo. –Te dejamos para que te cambies, vamos a salir a desayunar con tus abuelos y luego regresamos para preparar todo lo de tu fiesta– asentí a mi madre, me quede de pie hasta que los tres me dejaron solos. Me tomé mi tiempo en la ducha y a la hora de cambiarme, cuando al fin me reuní con mi familia los abuelos estaban ahí, la abuela fue la primera en abrazarme y besarme varias veces en la mejilla. –Feliz cumpleaños, mi niño bello. –Gracias, abuela– le dedique una amplia sonrisa, el abrazo del abuelo no duro tanto, pero igual de especial. –Te tenemos una sorpresa– dijo, lo mire fijamente. –¿Qué? – pregunte, todos sonrieron, pero nadie dijo nada. –Esta sobre la mesa de la sala– mire a la abuela, porque a veces al abuelo le gustaba hacerme bromas. Ella asintió y fui hasta allá. Sobre la mesa de centro de la sala había una guitarra eléctrica marca Ibanez, negra y con mi nombre en letras blancas. –¿Es para mí? – era una pregunta tonta, sabia con exactitud que era para mí. –Esta genial– la toque con cuidado, pasando los dedos por las cuerdas. –¿Por qué no la usas esta noche? – mire sobre mi hombro a mi abuelo. –Eso sin dudarlo– hoy iba hacer nuestra presentación como banda, nuestra primera presentación frente a personas, no iba a hacer muchas, pero era algo demasiado importante paramos en un escenario. –Es hora de irnos– hablo mamá, no quería dejar mi guitarra nueva, quería quedarme allí abrazándola todo el día, pero se vería bastante extraño. Pasamos la mañana en el restaurante del hotel de papá, había mandado a reserva un reservado el cual había medio decorado y mientras estuvimos allí llegaron el tío Abraham y Karen. Me sentía feliz y agradecido por estar rodeado de aquellas personas, eran las mejores que se podría llegar a conocer, reímos mientras todos contaban historias de mi niñez, más de una vez me avergoncé de las historias, como cuando encontré una rana y la cuide por días. Todos decían que era asqueroso, para mí no lo fue, luego quise tener otra mascota y mamá me regalo un gato, a los pocos meses desapareció y nadie lo volvió a ver, quede tan destrozado que jure no volver a tener una nunca. Volvimos a la casa en eso de las 2 de la tarde, en unas horas empezaran a llegar mis amigos y yo estaba ansioso por ver a Remy. Contaba los minutos, para verla, pero también, estaba con el corazón a mil por ver a Hilary. Íbamos a tocar por primera vez frente a un público. –Hijo, ¿Puedes venir un momento conmigo al estudio? – me gire para ver a papá. –Claro–camine detrás suyo para entrar a su estudio, el cual era como un altar en casa, muy pocas veces entraba, solo cuando él me pedía que lo hiciera. Siempre quedaba fascinado con lo organizado que estaba todo aquí, las paredes repletas de libros, el escritorio de madera antigua, los sofás de un color marrón oscuro, que le daban un aire sofisticado, era como entrar a una película de los 90s. Él fue directo hasta su escritorio, abrió una de las gavetas y saco un sobre tipo carta de ella. –¿Por qué no pediste ningún regalo de cumpleaños? –lo mire serio, realmente ni me había percatado de eso. –Bueno… la verdad es que la fiesta era lo que quería de regalo– asintió, puso el sobre en el escritorio. –Me lo imaginaba– se sentó, tomándose una pausa, por un momento se veía tenso y confuso, parpadeo varias veces. –¿Estas bien? – se me detuvo el corazón. –Sí, sí. No me pasa nada. Quería darte esto de regalo por tu cumpleaños– lo mire sin creerlo, se veía pálido y las arrugas alrededor de sus ojos se acentuaban todavía más. Parecía un hombre agotado. –¿Qué es? – camine hasta estar frente a él, mire el sobre sospechoso. –Solo ábrelo– dude por unos minutos. ¿Pero a quién engañaba? La curiosidad me estaba matando. Lo tomé, no estaba sellado. Con mi dedo índice aparte la parte de arriba y al mirar lo que había dentro, abrí la boca, quería protestar. –Papá, esto es mucho dinero– susurre, continuaba sorprendido por todo aquel dinero. –Como no has pedido nada te doy el dinero para que compres o hagas lo que quieras con él. Solo no le digas a tu madre… –levante la mirada. –¿Por qué? –Ella siempre ha tenido esta idea de criarlos para que ustedes sepan el significado real del dinero, que no por simplemente tenerlo sean merecedores de ellos. Mas bien, que trabajen y se lo gane. Aunque la amo por eso, a veces es bueno disfrutar de tener dinero, siempre fui un niño criado con abundante dinero, no teniendo que preocuparme por su falta, no me hizo creído ni nada porque, aunque era claro que no nos faltaba, mi padre me enseño que hay que trabajar para tener lo que se quiere, ya sea dinero o respecto de los demás. Es lo que intento enseñarte a ti, pero tú siempre has demostrado que eres bueno y una excelente persona… y estoy tan orgulloso de ser tu padre. –Es gracias a ti y a mamá que soy así. –confese, sonriendo él asintió firmemente. –Solo recuerda que el dinero es bueno cuando puedes mejorar la vida de los que te rodean. Algún día tendrás que hacerte cargo de muchas cosas de las que no poder seguir… entonces, entenderás la importancia del dinero y lo que le puede hacer a algunas personas. Como las cambia y no quiero que eso te pase a ti o a tu hermana. –¿Qué tantas cosas? – quise saber. –Bastante… no tienes ni idea de todos los negocios que he hecho durante los últimos años. –Así que, ¿no solo tienes el hotel y los restaurantes? – negó con la cabeza, se sentó recto y puso sus brazos en la mesa. –Para nada– quería decir algo más, nada salió de mi boca. Muy dentro de mí lo sabía. –¿Puedo comprarme un coche? – cambie de tema. Él soltó una carcajada, una enorme como no hacía desde hace un buen tiempo. –Sigue soñando. Tal vez a los 18. Te regalo un coche y a tu madre le daría un infarto. –¿Puedo usar el tuyo? – amaba el SUV de papá y conducirlo era un sueño hecho realidad. –Si yo voy de copiloto. –Trato hecho. – me guarde el dinero en el bolsillo de mis jeans– ¿Papá? – iba a mencionarle lo de su enfermedad, quería, quería no, deseaba esa conversación con él. Eso no fue lo que salió de mi boca– gracias, por todo. –Para nada tienes que darme las gracias, hijo. –me despedí y salí de allí, eran tantas las cosas de las que anhelaba hablar con él. Al dirigirme a mi habitación escuche voces en el salón, voces que conocía a la perfección, sonreí para mí y me encamine allí. Esta ahí, con una minifalda color vino y un top negó, se me detuvo el corazón, su cabello n***o le caí por mi mitad de la espalda totalmente lacio. ¡OH, SEÑOR! Me repite varias veces, mi mejor amigo levanto la mirada y mostro una cara de felicidad, la cual solo ponía cuando metía un gol. –Hey– dije, todo se dieron vuelta. Mi mirada permaneció con Hilary mientras miraba sobre su hombro, antes de girarse, vino corriendo en mi dirección y me abrazo por los hombros, con cuidado puse mis manos sobre su cintura y la aprete suavemente, olía deliciosos, a flores. Todo mi cuerpo se crispo. Estaba más que jodido. –Feliz cumpleaños, Ar– me susurro al oído, se alejó de mí, no sin antes dejarme un beso en la mejilla. Su hermano vino y me saludo con un rápido abrazo, felicitando y tras él, lo siguieron los demás. –Gracias, chicos– les sonreí. –Llevas pintalabios en la mejilla– Hugo se rio– hermana, mira lo que haces– me encogí de hombros. –No pasa nada– Hilary estaba a mi lado de repente, con sus dedos sobre mi mejilla intento limpiarla. Sus dedos dejaron un hormigueo en toda mi cara. –¿Listo para esta noche? Allá fuera es una locura. Tu mamá se ha pasado con todo. Hasta una tarima hay– siguió hablando mi mejor amigo. –¿En serio? – mire de reojo a la chica, seguía tocándome la mejilla. Ella me sonrió sin mostrar los dientes. –Sí. –Ahora si estoy nervioso– confesé. Hilary se alejó de mi rápidamente, una sombra cayó sobre nuestro grupo. –Buenas tardes, señor Vittini– dijeron todos a la vez, como si lo habían ensayado, mire sobre mi hombro a mi padre. Mostro su mejor sonrisa a mi grupo de amigos. –Buenas tardes, niños. Por favor, decirme solo Alejandro. ¿Cuántas veces tengo que decírselos? – ellos se encogieron de hombros. –¿Listos para esta noche? –Sí, bastante. –Me alegro, les deseo mucha suerte. –Gracias, papá– me puso las manos sobre los hombros antes de marcharse. Me quede con mis amigos un buen rato, organizamos las canciones que íbamos a tocar, los acordes y demás. Hablamos de quienes iban a venir a la fiesta y cosas triviales. No salí al patio, aunque me moría por hacerlo me quedé todo el rato dentro de la casa. Al hacerse de noche me disculpé con los chicos y me fui a mi habitación. Tomé una ducha rápida y luego me vestí. Estaba muy nervioso, cosa extraña, por un momento me sentí excitado por todo lo que podía pasar esta noche. Me cambie con unos jeans negros, una camiseta de Pink Floyd que papá me regalo hace un tiempo, negra y con la imagen de la portada de su álbum The dark side of the moon, por encima de la camiseta me puse una chaqueta denim, cual era mi favorita. Para termina, una converse azul oscuras que combinaban con la chaqueta. Intenté peinar mi cabello hacia atrás, pero no lo conseguí. Alguien toco a mi puerta. –Adelante– gripe, tomé un perfume de mi cómoda y me puse en el cuello. –Hola, cariño– mire en dirección a la puerta. –Hola, mamá– deje el frasco del perfume en su lugar. –Hay mucha gente esperando por ti– ella entro en la habitación con una sonrisa dulce en sus labios, llevaba un vestido n***o super sencillo, pero que en ella parecía elegante. –mi niño ya tiene 16– me arreglo el cuello de la chaqueta. ¿Eres feliz? – me quede pensando en su pregunta. –Creo que sí, tengo a mi familia y eso me hace feliz, además tengo buenos amigos– me encogí de hombros bajo su mirada, soltó el cuello de mi chaqueta y me lo paso por el cabello, lo tenía rizado en las puntas, como ella.   –Estoy feliz por eso– me respondió. –Hay alguien que le urge verte– me confeso. Se me encendieron las mejillas. –Mamá– gemí, porque sabía a quien se refería. –Bien... ahora escucha con atención– se puso seria de repente– tu padre y yo vamos a estar en casa de tus abuelos durante la mayor parte de la fiesta, también estaban Clara y Jimena. Vamos a estar allá, para que no sientas que nos tienes de chaperones. Nada de alcohol– pero me guiño el ojo– si sucede cualquier cosa en la fiesta nosotros somos los responsables, así que, no hagan ninguna locura. O bueno, nada que yo no haría. – al final sonrío. –Gracias, mamá– me dio un beso en la mejilla antes de darse media vuelta. –Y sal de aquí, hay una chica muerta de nervios por verte. –Mamá– me volví a quejar. Que ella supiera que me gustaba Remy era de lo peor, nunca dejaba de bromear sobre eso y me hacía sentir avergonzado. Nunca le dije nada, ella solita lo dedujo. Al parecer yo no era tan bueno ocultando mis sentimientos cuando se trataba de ella. Inspire hondo varias veces antes de salir, tampoco era que invite a muchas personas, no eran tan popular en el colegio, solo a mis amigos del futbol, compañeros de clases y a algunas personas con las cuales hablaba ocasionalmente por los pasillos del colegio. No me tope con nadie dentro de la casa, mientras me dirigía fuera. –Feliz cumpleaños– grito todo el mundo, me quede en seco mirando mi alrededor. –Gracias– dije, a lo que sonreía. Capte una melena roja por el rabillo de mi ojo, antes de que unos delgados brazos me abrazaran. –Feliz cumpleaños, Rey– Remy, solo pensar en su nombre me hacía sonreí. –¿Podemos hablar luego? –Claro que sí– la bese en la mejilla y la solté, para que me diera tiempo de abrazar a Avril. Ella era del tipo de persona que daba los mejores abrazos, siempre la he querido como a otra hermana, pero también como a mi mejor amiga. Era divertida, desde pequeña le encantaba estar conmigo, pues al no tener hermanos, me consideraba como a uno, desde niños nos gustaba ver animes juntos, jugar videojuegos y hablar de música. Me beso en la mejilla. –Gracias por venir. – me solté de las chicas y fue saludando a mis invitados, unos minutos después todos se habían esparcidos alrededor de nuestro pateo trasero. Mamá se había pasado con la decoración, coloco sillas por diferentes zonas, colgó luces colgantes, en el fondo una gran mesa estaba llena de comida y bebida. La tarima con nuestros instrumentos estaba en el fondo, un pequeño grupo de chicos se reunían frente a la fogata. La noche avanzo bastante bien, todos parecían divertirse y en eso de las 9 de la noche, subimos a la tarima, Hilary fue quien tomó el mando. –Buenas noches– dijo, todos dejaron lo que estaban haciendo, pusieron su atención en nosotros. Me temblaron las rodillas. –Hola– volvió a decir, dejando salí una risita– Hoy nos presentamos por primera vez delante de un público, esperemos que les guste nuestra selección de canciones. Así que, nosotros somos The Pretender– se escucharon aplausos y risas del pequeño público. Se giro en mi dirección y asintió, yo toque los primeros acordes de Shine on you crazy diamond de Pink Floyd en honor a papá. Todos se callaron de repente, mientras tocaba aquella canción, pude imaginarme la cara de felicidad de mi padre, pues era una de sus favoritas. Hilary me dejo cantar de primero y ella se unió a hacerme las voces. Su voz encajaba perfectamente con la mía. No terminamos la canción, hicimos un arreglo y de Pink Floyd, pasamos a los Foo Fighters, esta vez Hilary tomo el mando de las voces y yo me fusione a ella en el coro. Nosotros nos entendíamos a la perfección cuando estábamos tocando, era como si solo nosotros dos existiéramos en ese momento. Nos dedicábamos miradas fugaces, ella se movía y bailaba por todo el escenario, su cabello le caía sobre el rostro excitado. Se veía como una diosa en el escenario. El público estaba disfrutando, cuando termino la canción todos aplaudieron. Ella y yo nos miramos por unos segundos, la adrenalina me recorría todo el cuerpo, enviándome hondas de excitación. Nos volvimos a mirar a los demás integrantes de la banda. La siguiente canción era de una banda local de hace unos años, que a todos nos encantaba, aunque no teníamos una violinista en la banda como lo tenían ellos, hicimos nuestro mejor esfuerzo por cantar A contraluz de Bocatabu, también como pudimos. Esta me toco cantarla casi todo a mí. – Hablabas de la luna y sexo con amor, habla de misterio y mágicas locuras, más solo basto con perderme en el enigma de tus ojos y comprendí. Que ya no hay límites que nos detengan y que el amor muere en exceso de cordura– Hilary y yo nos miramos a los ojos mientras cantábamos el coro de la canción. Antes de darme cuenta, nos estábamos despidiendo y bajándonos del escenario. El corazón me iba a mil en el pecho, con los dedos temblorosos me baje del escenario, Hilary me intercepto en el último escalón y me pidió que la siguiera. Yo la seguí aturdido, fuimos hasta detrás del estudio de mamá y antes de siquiera reacción la tenía pegada a mis labios. La sorpresa me dejo atontado, sus suaves labios me volaron la cabeza. Era la primea vez que besaba a una chica en los labios, mi cuerpo reacción, la agarre por la cintura y la pegué tanto como pude a mí. Profundizando el beso, el mundo entero desapareció para mí, ella me acaricio el cuello y sus dedos me tomaron por el cabello. Nos movimos hasta que su espalda estuvo contra la pared, mis manos recorrieron su espalda de arriba abajo, nuestras bocas hicieron cosas maravillosas, sus labios tenían un sabor a fresas que me dejo completamente loco. Me aleje de ella un poco en busca de aire, sus ojos me miraron fijamente. –Había quería hacer eso desde hace un tiempo– susurro, le acaricie la mejilla, seguía aturdido. Me relamí los labios. –Igual yo– la mire a los ojos antes de volver a besarla.        
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