–Creo que no iré a trabajar hoy – dijo mientras nos sentábamos en el desayunador. –¿Por qué? – probé sus huevos revueltos – Están deliciosos, uno puede acostumbrarse a esto – ella sonrió. –Me gustaría pasarme el día contigo, ya que es tu primer día aquí, así nos ponemos de acuerdo en todo. –¿Solo eso? – me toco en el hombro con el suyo. –Sí, hoy comienzas tu vida de adulto. Hay que pagar cuentas, hacer papeles, conocer las rutas para llegar a casa, ir a la universidad, muchas cosas, comprar cosas para ti. –No me hagas arrepentirme– reímos, hacía meses que no me reía de aquella forma, o me sentía tan tranquilo siquiera. Terminamos de desayunar y me ofrecí a lavar los platos– lo que sí es que yo lavo los platos y tú cocinas. –Trato hecho. Ven aquí– me dijo cuando termine, me acer

