No pude dormir en toda la noche; estuve llorando en la mecedora y escuchando las súplicas de Demian afuera. Golpeaba la puerta cada media hora junto con sus súplicas, y eso me destrozaba. Con el embarazo, me ponía sensible y mis sentimientos no ayudaban. Estaba enojada, molesta, pero me dolía escucharlo. No tenía la culpa, aunque sí. Al recordar bien que él no podía controlar su personalidad cruel y egoísta, mi corazón se ablandó. No era su culpa que desarrollara ese problema mental; fue su padre, la presión que vivió desde niño, los traumas que sufrió. Esos fueron los que crearon esa personalidad, lo que querían crear en él, y su cabeza lo produjo como un mecanismo de defensa. Después de reflexionar bien y al ver que ya había amanecido, decidí perdonarlo. Al abrir la puerta y verlo de r

