En las siguientes semanas, mi vida estaba de maravilla. En la mansión, era la que daba las órdenes y eso me encantaba, aunque mi actitud ahora era más fría y dura. Para la servidumbre, era por la sensibilidad del embarazo, y estaban en lo correcto; todo me irritaba y mamá se daba cuenta. - Debes estar tranquila y relajada, le puede afectar al bebé... ¿Acaso quieres que salga como Demian? Te lo digo por experiencia. - Eso era lo que menos quería: ver la maldita cara de ese imbécil en mi bebé. De solo escuchar su nombre, me ponía furiosa; me quitaba el apetito y hacía a un lado el desayuno. - No me menciones a su hijo... Me da acidez. - Las carcajadas de mamá no me hacían gracia. Sabía que no lo hacía con mala intención, pero el embarazo me tenía tan sensible. - Lo sé y te juro que yo tamb

