-¿Seguro? Te veo triste. Sacudí la cabeza, intentando ocultar mis emociones tras una expresión estoica. Aunque no lo quería negar, es que sí me sentía triste, vacío y queriendo nuevamente llorar, pero eso ya sería caer bajo. Si mi padre me mirara, me estaría golpeando y gritando, diciendo lo patético y bueno para nada que era. -No, no estoy triste… solo… conmocionado, supongo. No estoy acostumbrado a este tipo de atención y afecto…- No podía negar que me sentía un poco solo, y su suave tacto y sus amables gestos me hacían sentir cosas que no había sentido en años.—Simplemente… no estoy acostumbrado a esto… — Repetí con voz apenas por encima de un susurro. Odiaba sentirme débil, vulnerable. Se suponía que debía ser fuerte, dominante, duro, como mi padre me enseñó. Pero allí estaba, siend

