Era aburrido escucharlo; me provocaba sueño. Decidí ignorarlo y seguí caminando. Demian seguía hablando detrás de no sé qué estupideces y planes, y yo le remendaba con la mano hasta que tomé mi bolso que tenía en la sala. Me valía que se molestara o me detuviera; esta vez no me iba a dejar, además, ¿quién me iba a detener estando embarazada? —¿Adónde creés que vas, Scarlett? A mí no me has pedido permiso. No... mejor dicho, tú no tienes permitido salir. — No iba a tardar en escuchar sus límites, pero eso no me detendría. Saqué unos lentes de mi bolso y me los puse; tenía ganas de salir y él no me iba a arruinar nada de mis planes. —Eso era antes, cuando había un hombre en esta casa. Te recuerdo que estuve sola durante tres meses y no necesité de ti, y menos ahora que vienes inflando el p

