De eso no había duda; no podía creer que lo pensara, pero sería igual de delicado y de buen gusto. -¿Qué se puede esperar del bueno para nada que me embarazó?- Su sonrisa se ensanchó ante mi comentario. Sus ojos oscuros brillaron con una mezcla de diversión y satisfacción. No podía evitar admirar mi espíritu luchador. —Oh, mi amor, finalmente has aceptado el hecho de que nuestra pequeña será un mini-yo, un fiel reflejo de mi encantador comportamiento y exquisito gusto. ¡Qué delicioso! Su voz destilaba sarcasmo y fingida condescendencia. Su porte era a la altura de admiración; nada más de verlo se me arruinaba el apetito. —Ni te ilusiones... que esto cambiará cuando nazca y comerá sin renegar de la comida. Sus carcajadas de burla ante mi comentario me molestaron; era un gran escándal

