Murmuraba con esfuerzo para no romper en llanto; sentía un nudo en la garganta y me costaba hablar. Lo peor era que Scarlett me miraba con desprecio y se cruzó de brazos.—¿Por qué debería escucharte? No mereces ni siquiera mirarme y, mucho menos, tocarme. Además, eres un mentiroso infiel. —. Me dolieron sus palabras; tenía razón, era un mentiroso infiel. No sabía cuánto había sufrido conmigo durante su embarazo, todo por ser un cobarde. Nuevamente, me arrastré hacia ella, acercándome para poder suplicar: - Escúchame... solo escúchame, mi amor... te juro que te daré una explicación... - No sabía por dónde empezar, si decirle el porqué me fui o el porqué le fui infiel. No fui yo; jamás le sería infiel, era mi otro yo y era frustrante vivir con él. Solo de ver que retrocedía, me desesperab

