Ese era el problema: yo perdía la paciencia rápido y él era una maldita espina, molestándome en cada paso que daba. - ¿Qué? Es la verdad, primito... Pero la pregunta es: si es bonita y de buena familia y no una campesina mediocre que no sabe tomar un cubierto... Así como una que tuviste, que la verdad, me dio pena por tu gusto, primo. - Me mordí el labio internamente hasta desangrarme; ya no iba a soportar un insulto más de su parte. ¿Cómo se atrevía a insultar a mi mujer? En mi mente retumbaban insultos, amenazas, ganas de matarlo enfrente de todos, matar a todos. - (Lo voy a matar, lo voy a descuartizar y dárselo de comer a los perros) - Ya no pensaba con claridad; mi lado oscuro estaba por tomar control. Mis ojos se tornaron rojos, las venas de mis brazos y cuello resaltaban. Escuc

