Un ataque de rabia se cruzaba en su rostro, junto con una mezcla de ira y frustración. Caminó detrás de mí hasta alcanzarme y agarrarme del brazo para detenerme y gritarme: - ¿A dónde crees que vas? - Dijo con severidad mientras me miraba con una expresión gélida. No me iba a dejar intimidar por él; de por sí, mi carácter era fuerte, y ahora, estando embarazada, era peor. - Lejos de ti, por supuesto... no quiero que arruines mi maravillosa y tranquila mañana. - Se burló de mí, pero sin quitar esa expresión de su cara. No le gustaba mi descaro, y apretó mi brazo a tal punto que fruncí el ceño por el dolor, aunque no lo demostré con un grito o gemido; se notaba. - El imbécil te alegró el día... umhh... un simple puto desayuno de porquería fue suficiente para revolcarte con él... ¿Desde cuá

