Sus ojos se oscurecieron pasión mientras me miraba detenidamente, sus manos se movían para agarrar mis caderas con firmeza. -Eres tan hermosa, ¿lo sabías? Realmente mi joya más preciada-.dijo presionando un beso en cada montículo de mis pecho. Continuó besando y pasando su lengua dejando un rastro caliente mientras bajaba por mi estómago y más. -Tan hermosa que a veces duele mirarte y no tenerte bajo de mi -. susurró contra mi estómago, dejando tiernos besos en mi piel. -Una diosa encarnada...Verdaderamente la única mujer digna de ser la madre de mis hijos - Si qué tenía la boca llena de mentiras con tal de tener lo que quería y satisfacer su calentura, era extraño ese comportamiento, parecía otra persona pero aun así no estaba de buen humor para sus bromas, no podía evitar so

