Era el último día del internado de Fernanda, concluyó en ciudad Juárez, pues ahí había comenzado. Su papá y su mamá la esperaban para ir a comer a un restaurante, no tenían ánimos de festejar pero Fernando insistió en que era un día que no debía pasar desapercibido, tenían que aprender a vivir con el gran vacío en su corazón, su familia nunca iba a estar completa, sin Mariana. Estaban sentados en el restaurante cuando un hombre en estado de ebriedad se les acercó. — ¿Cuánto me cobras por un palo güerita? — Fernanda lo miró indignada por su atrevimiento y Fernando se levantó de su silla, estuvo a punto de molerlo a golpes. — ¡Espera no le pegues! — Gritó Rocío y Fernando y su hija la miraron desconcertados, ¿por qué lo defendía? ¡Estaba llamando prostituta a Fernanda! — ¿Cuánto fue lo úl
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