César se sentó en la silla de su consultorio, era su primer día de vuelta en el trabajo después de meses de búsquedas interminables, durante mucho tiempo, él y su amigo recorrieron los burdeles de Ciudad Juárez sin éxito, la desesperación y el dolor en su pecho eran insoportables, él se rehusaba a volver al trabajo, pero el comandante y todo el mundo le insistieron en que debía continuar con su vida. Llegó a un acuerdo con el director del hospital, trabajaría de lunes a viernes, pero los fines de semana viajaría para seguir buscando. — ¿Se puede pasar? — Adelante Diana, dime. — César, lamento mucho lo que pasó con tu novia, pero han pasado muchos meses, ¿Has pensado que podría estar muerta? César la miró incrédulo, ¿Cómo le podía decir eso si se decía su amiga? — Diana, voy a hacer d

