El comandante de Alvarado estaba de pie esperando a la mujer que había elegido, él y sus amigos fueron muy específicos en pedir mujeres güeritas y de ojos claros, con la esperanza de que fuera alguna de las gemelas quien los atendiera, y así poder proceder contra el burdel. La mujer que entró en la habitación, cumplía con las características, pero no era ninguna de las gemelas, Santiago se dio cuenta de que la mujer estaba completamente drogada, quizá para soportar las condiciones en las que tenía que trabajar. — ¿Cómo te llamas? — Le preguntó tratando de conseguir una confesión o un llamado de auxilio. — Nancy ¿vamos a coger o vamos a platicar? — Me gustaría saber si trabajas aquí por tu voluntad, o si te están obligando. — ¿Eso importa? Tú solo toma lo que pagaste y lárgate a nadie

