El viento helado que se cuela por algún orificio estremece el cuerpo de Fernanda para hacerla temblar, de frío, de miedo, de dolor. El infernal ruido de los autos pasando a gran velocidad se escuchaba tan fuerte, que le daba la sensación de que en cualquier momento algún vehículo se estrellaría directamente en alguna de las pareces de su celda. Intentó moverse y para su sorpresa ya no tenía la soga que la ataba. Sus tobillos y sus manos estaban libres, aunque entumecidos. Lentamente llevó sus manos temblorosas hasta la venda que le cubría los ojos y la retiró con miedo a lo que vería. Se trataba de un cuarto vacío, las paredes que alguna vez fueron blancas estaban sucias, rayadas con lápiz labial y algunas manchas que parecían de sangre, se quitó la mordaza y por un segundo su instinto fu

