Antes de abrir sus ojos a Fernanda la había despertado una sed infernal acompañada de unos horribles pálpitos en la sien, cuando pudo abrirlos se encontró sumida en una completa oscuridad y pasaron unos segundos antes de que asimilar que se encontraba amordazada, tenía las manos atadas y una venda en los ojos, quiso gritar para llamar a su hermana, pero sólo logro emitir un leve gemido, intentó liberar sus muñecas de la cuerda que las contenía y lo único que consiguió fue quemarse por la fricción de su piel con el material. Un profundo dolor y arrepentimiento se apoderó de su alma, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que convenció a su hermana para salir de la hacienda y aventurarse a ir a conocer el pueblo, Mariana no quería ir, ella insistió en que no les pasaría nada, siempre p

