Eduardo y Fernanda caminaron tomados de la mano por los jardines del hotel, ella sentía que su corazón iba a estallar de la emoción, y él se sentía nervioso como un adolescente. — ¿De dónde eres? — No había tiempo para vacilar, ella le interesaba y debía asegurarse de volver a verla. — De la Ciudad de México ¿y tú? — Soy de San Luis Potosí, pero ahora, estoy trabajando en Álamos. — ¿Álamos Sonora? ¡Woow! ¡Qué genial! Uno de mis planes, es que cuando concluya la carrera, quiero recorrer todos los pueblos mágicos del país, y luego volveré a Palizada. Allí instalaré un dispensario médico. — ¿Palizada, Campeche? — Sí, de allí es mi familia, mis abuelos tie…—Recordó que no lo conocía y aunque le inspiraba confianza, no era prudente que hablara de la opulencia económica de sus abuelos —… v

