Cuando Mariana llegó donde la esperaba Violeta, las chicas de Sinaloa todavía no bajaban, así que se adelantó a conseguir una mesa. — Viole, vas a decir que estoy loca, pero me enamoré. — ¿Volviste a verlo? ¿Ya le preguntaste su nombre? — ¡No! no pude hacerlo, ¡Ay! me puse tan nerviosa que me temblaban las piernas… además, no podía dejar de mirarlo, sus ojos, su sonrisa, todo él ¡Está para comérselo! — ¡Ay, amiga qué emoción! Nunca imaginé verte así de entusiasmada, pero debes tranquilizarte. Si te gusta tanto y si tú le gustas a él, pueden llegar a tener “algo”; pero no puedes enamorarte, sólo estaremos aquí una semana y después de eso, no volverás a verlo, debes estar consciente de eso. — Sí, ya lo sé, además él cree que soy estudiante de medicina, seguramente es médico… cuando sepa

