Al llegar al restaurante se ubicaron en la mesa rodeada de antorchas encendidas que Eduardo reservó, una botella de champagne estaba esperando por ellos y música de violines para acompañar la cena. Ella vio el lugar y lo abrazó emocionada, era la primera vez que vivía una escena tan romántica con alguien. — Está, muy bonito — dijo al borde del llanto por la emoción. — Querida, mereces esto y más. El mantel blanco cubierto de pétalos de rosa y las velas al centro, eran el marco perfecto para la propuesta más esperada por cualquier mujer, sin embargo, ella intentó alejar ese pensamiento de su cabeza, obviamente no le iba a proponer matrimonio a tan sólo dos días de haberse conocido. — Es…tan hermoso, gracias por haber preparado todo esto para mí. — Hay algo muy importante que quiero de

