César y Mariana abordaron un taxi rumbo a la ciudad, ella se encontraba en un paroxismo que iba del nerviosismo hasta la felicidad. Él hombre de sus sueños estaba sentado junto a ella después de haberla tenido inconsciente y desnuda en su cama, sin siquiera haberla tocado, sí todavía hubiera caballeros, él sin duda sería uno de ellos. No podía dejar de mirar el rubor natural en sus mejillas, era lo más tierno que había visto en años, y el brillo en sus ojos al mirarlo, era tal y cómo se lo había descrito su padre. Cuando la tomó de la mano entrelazando sus dedos con los de ella, Mariana sintió el eco de su tacto repercutiendo en destellos de seguridad por todo su ser — ¿Te han dicho que eres preciosa? Agachó la mirada y mordió su labio inferior inconscientemente por los nervios, pero r

