La venganza siempre es exquisita y se sirve en plato frío. Así lo podía confirmar después de haber arruinado la boda de miles de dólares de mi ex con su nueva prometida. Desconocía si al final sí se casaron o no, pero tenía la certeza de que fuese cual fuese el resultado fue uno amargo y desastroso. Al llegar a mi departamento me sentía diva, poderosa, maléfica, pero al ver el abrigo Burberry de Etienne colgado de su puerta, la ilusión de todas esas sensaciones falsas me abandonaron y dio paso a los sentimientos perennes y reales. Tristeza, agonía y dolor. Ame y me traicionaron; volví a ilusionarme con amar y me traicionaron. Me sentía empleada y desechada. No deseaba saber nada del mundo, ni mucho menos de una Marcela gritándome por lo que hice; Patricia felicitándome por lo que hice c

