–Durante un mes hemos cumplido con tu petición, Padre. –Ambos tutores presentaban a sus alumnos frente a los monarcas como si se trataran de trofeos que presumían para demostrar su impecable trabajo–. A nuestra opinión ambos ya son aptos para el combate.
–Eso es espléndido. –Reconoció Peter observándolos con detenimiento–. Puedo ver que incluso parecen más hombres que antes. Los felicito a todos, a ambos por ser tan buenos entrenadores y a los humanos por haber entrenado tan bien. –Eso era bueno, ¿verdad? Jaen seguía sin comprender del todo lo que estaba viviendo, pero poco a poco sentía que se fundía entre ellos–. Aun así, saben que aún hay algo que falta para cualquier guerrero.
–Su Majestad ¿se refiere a sus propios esbirros? –Intervino Scarlet sorprendida–. ¿No es muy pronto para que obtengan uno?
–Efectivamente. No puedo aprobar trabajos a medias. –Incluso Mike alzó una ceja. Se suponía que aquello era el fruto de años de entrenamiento… ¿cómo pretendía su padre que estos consiguieran el suyo cuando apenas llevaban un mes entrenando con su piedra?–. Vayan y consigan los esbirros para ellos y estarán listos para ingresar en el ejército.
***
–¿Qué se supone que es un esbirro? –Inquiría Jaen mientras avanzaba junto a Mike hacia las puertas del palacio. Era evidente que aquella palabra traía a su mente diferentes definiciones pero ninguna parecía ser agradable a su imaginación–. Michael, no tengo idea de adónde vamos pero estoy comenzando a tener miedo–. Llevaban bolsos con provisiones y ropa que los abrigara del frio.
–¿Recuerdas a Polaris? –El rubio continuaba andando sin siquiera mirar a su compañero.
–Sí, pero no cambies de tema. –Ojos entrecerrados y un tono mas hostil. Mike no podía evitar burlarse. ¿Es que el humano se enfadaba?
–Polaris es el esbirro de la familia real. –Explicó por fin–. Es un ser que está a tu merced. Debes conseguir el tuyo propio.
–Vaya, –Sus ojos se abrieron como platos al pensar en que debía conseguir un animal que se encontrara a su disposición. Simplemente sorprendente, aunque ya nada podía impresionarle dentro de todo lo que ocurría a su alrededor–, ya veo. ¡Quiero un “hijo de la naturaleza” muy fuerte! ¿Cuál es el más poderoso?
–No me hagas reír. –Tarde. Mike ya estaba soltando carcajadas de gracia–. Es obvio que necesitas uno fuerte, pero jamás lograrías obtener el que hasta ahora es conocido como el “más fuerte”. –Jaen se detuvo en seco, mirando con ojos enfadados al príncipe.
–Dime cuál es ese ser fuerte. –El príncipe tragó saliva notando por un segundo eso que no había visto antes en los ojos de Jaen: determinación.
–Mira… cada lugar tiene criaturas muy fuertes que ningún ser inteligente ha logrado obtener. –Allí estaba de nuevo, dando clases a un humano sobre zoología en Ashura–. En la más alta de las montañas nevadas habita el que hemos categorizado como el más fuerte… El fénix de hielo.
–¿No se supone que el fénix es un ave de fuego?
–Existen dos aves fénix: el de fuego y el de hielo. Dicen que ambos se repelen… otros dicen que se fusionan si se encontraran. –Suspiró apretando los labios–. No lo sé, pero es imposible que lograras vencer al fénix de hielo.
–¿Vencer? –Sí, fue ese momento en el que el miedo volvió a Jaen.
–Para obtener tu esbirro deberás derrotarlo solo. Si no eres más fuerte que él, jamás te obedecerá.
–Pues… si ese es el caso… lo venceré.
–¡Hey! –Mike se detuvo mirándolo como si se sintiera ofendido–. ¿Por qué crees que la familia real de los Frinx no tiene al fénix del hielo como esbirro?
–¿Por qué… a tu padre no le gustan las aves? –Ups, había sido un mal chiste y el gesto de Michael se lo dejó en evidencia.
–¡Imbécil! –Le recriminó con voz firme. A fin de cuentas era un príncipe–. ¡Porque ni siquiera mi padre ha logrado derrotar su enorme fuerza!
–Pero quiero intentarlo. Por favor Mike…
–No me responsabilizaré de tu muerte. –Habló enfadado.
Las puertas del castillo fueron abiertas, saliendo ambos chicos. Jaen miraba a los lados intentando identificar cual era la montaña más alta, pero todas parecían ser muy altas, incluso más que en el lugar donde se encontraba.
–Es esa. –Señaló Mike el lugar donde habitaba el fénix.
Una colina que parecía ser diez veces más alta que todas las que había visto. Su pico se ocultaba entre una espesa capa de nubes que, con tan solo verlas parecían heladas. Jaen pudo entender entonces por qué no conseguía distinguirla. Simplemente la espesa capa de neblina se encargaba de mantenerla oculta. ¿Era siquiera posible acceder a un lugar como ese? Para el humano parecía un desafío imposible, pero recientemente había comprendido que la palabra “imposible” no estaba en el vocabulario de los habitantes de aquel mundo.
–¿Cómo llegaremos? –Inquirió el pelimarrón alzando una ceja.
–¡Odio tener que soportar tus niñerías! –Mike chasqueó su lengua negando con la cabeza–. Polaris nos llevará.
–¿Dónde están Hide y Scarlet?
–Su esbirro debe ser uno que pertenezca a las criaturas controladas por la Esmeralda del Viento. Ellos ya están en ello. –El príncipe sostuvo su fragmento y convocó a la enorme osa, Polaris. Su aparición fue tan majestuosa como la primera. Incluso después de estar allí avanzaba como toda una dama en pasarela portando su brillante armadura. Michael por fin se dirigió a esta–. Necesitamos llegar a la colina del fénix. –La osa rugió como si se tratara de una locura. Sin esperar nada, Mike subió en el lomo de esta–. ¡¿Qué estas esperando?! Sube.
De inmediato Polaris comenzó su travesía, corriendo a la mayor velocidad que esta alcanzaba, ascendiendo hacia la colina del fénix.
***
–A veces pienso que tu amigo es un idiota.
–¿Hablas de Jaen? –Hide ahogó una carcajada mirando a la peliverde de reojo.
–Por supuesto, Hide. ¿De quién más hablaría? No es como si conociera tu circulo completo de amigos –Scarlet rodó los ojos–. Pero tampoco tengo interés en conocerlos. –La chica negó con la cabeza ahogando un suspiro. Si todos eran como Jaen… no. Definitivamente no–. Jaen me mira con ojos embobados. Parece como si babeara por mí aunque lo trato mal. –Hide recorrió a la chica con su mirada de arriba abajo–. ¡Hey!
–Eso es porque eres su tipo. –Sentenció el pelinegro llevando una golosina a su boca.
–¿Su tipo?
–Le gustan las chicas como tú.
–¡Agh! –¿Por qué tenía que pasarle eso? Definitivamente Scarlet tenía ahora un sentimiento de incomodidad.
–A propósito, tu actitud es más fría con él ¿te desagrada? –Hide parecía ser curioso y ese era el momento para aliviar todas sus dudas.
–No… No es eso. –Un apenas visible tono rojizo invadió las mejillas de la chica. Hide frunció el ceño un poco sorprendido. No era lo que él estaba pensando, ¿verdad?–. Mira, no es nada ¿vale? Ya dejemos de hablar de él y concéntrate en el esbirro que escogerás.
¿Le estaba cambiando el tema de conversación? Quizá Hide era un poco despistado, pero no se trataba de un ignorante en el amor, y aquella sencilla demostración le hizo darse cuenta de que algo más que la simple indiferencia estaba pasando por el aparentemente duro corazón de su compañera. ¿Scarlet estaba cayendo ante los encantos de Jaen? No era la primera y todo eso le hacía preguntarse al pelinegro qué demonios tenía su mejor amigo para atraer a las chicas como hormigas. Quizá la vida era injusta con él. ¡Incluso se ejercitaba! Y no, Jaen no solía hacer ejercicio.
Suspiró por fin negando con la cabeza. Su sentimiento de soledad tendría que esperar. Si tan solo aquella persona no hubiese tenido que volver con su tía entonces todo estaría…
–¿Hide?
–No sé qué quiero… –Respondió por fin mirando a su alrededor el hermoso paisaje que pertenecía a los Clorux. Los “hijos de la naturaleza” se encontraban tranquilos a pesar de no estar la esmeralda en su lugar–. Supongo que debo escoger uno que vuele…
–Pues decídete pronto y no bajes la guardia. –Scarlet recorría los alrededores con su mirada–. Con la piedra del viento fuera de nuestras manos… esto es territorio enemigo.
–¿Territorio enemigo?
–¡Hide! Deja el papel de tonto a Jaen. Basta con uno. –Rodó los ojos cruzándose de brazos– La ladrona tiene el control total de los seres que pertenecen a los dominios del viento.
–Ya veo… –La mirada de Hide se detuvo al ver un ser que resultó llamativo a su vista.
Entraba en una lejana cueva un extraño “hijo de la naturaleza” similar a un león, pero su color era verde oscuro, sus colmillos sobresalían como los que, en el mundo humano, se conocían como tigres dientes de sable. La melena era mucho más larga que la de un león normal. De su cola aparecía una serpiente que se alzaba observando en todos los ángulos, sus colores verde y rojo le daban un aspecto peligroso. ¡Era un esbirro perfecto! Incluso estaba mejor de lo que Hide esperaba.
–Quiero ese. –Señaló al animal.
–Un león verde real… ¿estás seguro? Es bastante peligroso para un novato como tú.
–¡No soy un novato! –Ah, los pucheros de Hide eran extremadamente monos y Scarlet comenzaba a acostumbrarse a verlos con frecuencia cada vez que el menor se quejaba. Se le hacía tierno–. Y sí. Lo quiero
–Pues adelante. Todo tuyo. –Permitió la chica dando un paso atrás–. Recuerda no matarlo, o… no dejar que te mate. –Soltó en mofa. Hide hizo una mueca.
Scarlet finalmente mostró un ademán con su mano indicándole que fuera por el león sentándose ella sobre una roca a observar lo que ocurriría. Hide comenzó a caminar en dirección a la cueva donde el león se había echado sobre sus patas. Parecía estar dormido. Poco a poco el chico se aproximó intentando no hacer ruido. Los dedos de su mano derecha se cerraron envolviendo el mango de la delgada espada que permanecía enfundada y sujeta en su cinturón.
La peliverde miraba con detenimiento los movimientos de Hide. Sus alas permanecían recogidas pero listas para moverse rápidamente a ayudarlo ya que conocía a la perfección lo que podía hacer una bestia como esta. Era cierto que había bromeado con la vida del pelinegro, pero la verdad era que no tenía en planes dejar que a este le pasara algo.
Hide se había acercado lo suficiente a la cueva pero aun así solo podía mirar la cabeza del león que estaba a la luz, el resto del cuerpo se ocultaba en la oscuridad. ¿Era ese el momento? Quizá lo era, o quizá no, pero para el pelinegro parecía serlo, por lo que comenzó a desenfundar lentamente la espada de su cinturón. El leve sonido del metal rosando la vaina de la espada hizo que una gota de sudor bajara por su frente. Sus oscuros cabellos estaban pegados en su frente por el mismo líquido.
Casi había terminado de liberar su arma cuando, en el espesor de la oscuridad, un par de ojos se abrieron y miraron en dirección a él. ¿El león no estaba solo? ¿Cuántos eran? Los siniestros ojos no se retiraban de Hide, haciendo que sus nervios aumentaran. Estos comenzaron a moverse de un lado a otro sin quitarse de sobre él. Finalmente el león abrió sus verduzcos ojos, observando también a Hide. Un corto y casi inaudible rugido salió de su hocico. El chico terminó de sacar la espada dando un par de pasos atrás, observando como el intimidante león comenzaba a ponerse de pie, avanzando hacia él. Su boca se entreabrió mostrando los afilados colmillos que iban desordenados en sus mandíbulas. La serpiente, quien había sido la primera en observarlo, abrió su mandíbula con ferocidad, mostrando sus dos colmillos impregnados de veneno…