Massimo De Luca Asiento a su petición de irme a bañar, pero antes voy con los niños. Cuando me ven acercarme me sonríen y levantan sus manos. No los saco de sus lugares porque eso pondría de cabeza el trabajo que pretende hacer Leah, pero ganas no me faltan de llevarlos conmigo. Me inclino sobre los dos y dejo par de besos en sus cabecitas. Los miro, fascinado con la manera en que son una versión en miniatura de mí mismo, no me quedan dudas de que son míos con solo ver los detalles de sus facciones. Las risas y palabras ininteligibles llenan la cocina y yo río por eso. La emoción que siento en el pecho no tiene comparación con algo que haya sentido antes. Es increíblemente real, sincero y único. Ese sentimiento de propiedad que se conoce solo cuando se tiene un hijo, me llena el cuerpo

