—Siempre será hermosa, pase lo que pase—. Gabriel me susurró al oído mientras yo me aferraba a él y sollozaba. Asentí, incapaz de hablar. Michael nos dejó un momento, atendiendo a otros lobos. Kennedy estaba tumbada en la cama del hospital, con los ojos cerrados mientras dormía. Le acaricié el pelo, mis dedos recorrieron suavemente su cara y la besé en la frente. Gabriel repitió mi acción, luego ambos nos sentamos, observándola en silencio. —Luna, necesito revisarte ahora—. Dijo Michael, interrumpiendo el silencio. Asentí ante su petición, siguiéndole a otra habitación con Gabriel detrás. Gabriel ordenó a dos lobos que vigilaran a Kennedy mientras dormía. Michael me indicó con un gesto que me sentara en la cama del hospital, una vez allí comenzó su interrogatorio. Respondí con un sí y
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