CAPÍTULO 34

1985 Palabras

Nate se la había llevado. Había secuestrado a mi hija y había matado a dos guerreros de nuestra manada. Los sentimientos y sensaciones que sentía eran inmensos. Era miedo, terror, angustia y puro asesinato. Gabriel me agarró de los hombros con dureza, tirando de mi cuerpo hacia el suyo. Su boca se movía, intentando comunicarse conmigo, pero sus palabras eran mudas. Sus labios hablaban, pero no salían palabras. Todos mis sentidos habían desaparecido, el miedo me incapacitaba. Gabriel me sacudió bruscamente, el movimiento me despertó, sacándome de mi estado de shock. —¡Lara! Cerré los ojos, apretándolos con fuerza, mis manos subieron hasta mi pelo, tirando de él con fuerza. Él no le haría daño; no, Nate nunca podría hacerle daño a Kennedy. Él no haría eso. No lo haría. Me repetía a mí

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