La culpa llenaba todo mi cuerpo ante mi engaño, ante las completas mentiras que le había dicho a mi compañera. Estaba siendo egoísta y narcisista, sin pensar en Gabriel ni en nuestro cachorro por nacer. La cara de Kennedy era todo lo que podía ver en mi mente; todo con lo que había estado soñando y necesitaba verla. Era culpa mía que Nate se la hubiera llevado y tenía que arreglarlo. Yo lo metí en nuestras vidas y tenía que ser yo quien lo sacara de ellas. La probabilidad de que estuviera en peligro era mínima, estaría rodeado de guerreros de la manada y yo mismo era uno. No había entrenado tanto en los últimos meses, pero era tan fuerte como siempre y no huiría de una pelea. Probablemente, estaría al alcance de la mano de Gabriel. Gabriel me miró de cerca, parecía cauteloso de mis pal

